Abinader al frente del PRM afianza la anquilosada tradición de presidentes como líderes partidarios
Aunque la República Dominicana resalta entre sus pares de la región por su estabilidad democrática, la escogencia del presidente Luis Abinader para dirigir el Partido Revolucionario Moderno (PRM) afianza la práctica de que las figuras presidenciales encabecen las organizaciones políticas durante o después de su mandato.
Poner al frente de los partidos a quienes han manejado los destinos de una nación no es nuevo, pero ha prosperado como una de las características distintivas en algunos países latinoamericanos con regímenes autoritarios, o dónde hay alta personalización de la política y permanencia prolongada en el poder de determinados líderes.
Esta tendencia se ha hecho costumbre en la cultura política dominicana, pero no predomina entre los gobiernos regionales que han optado por distinguir a los jefes de Estado de la dirección partidaria, pese a que estos tengan gran poder dentro de las agrupaciones o sean sus rostros de cara al electorado.
El Partido Revolucionario Dominicano (PRD), de la que se desprende la tolda oficialista, mantuvo una clara distinción entre los candidatos y los líderes partidarios, pero su última decisión coloca a las fuerzas mayoritarias en la misma tónica: que quien ocupe la Presidencia de la República también encabece la cúpula partidaria.