El conflicto bélico con Irán expone la complejidad del mercado de energía

La crisis reciente en el estrecho de Ormuz —por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo global— ha enseñado que la energía responde a una red frágil de infraestructuras, contratos y expectativas. Cuando una parte de esa red se rompe, el tiempo de reparación se mide en meses o incluso años.

The Economist ha advertido que, incluso en el mejor de los escenarios —un acuerdo político que garantice la reapertura total del estrecho— la normalización del mercado de combustibles será lenta. La razón es que el cierre de Ormuz no solo interrumpe el tránsito; sino que desordena toda la cadena de suministro.

Durante los días de bloqueo, decenas de buques quedaron varados o fueron redirigidos a rutas más largas y costosas. Las refinerías, privadas de suministros regulares, tuvieron que operar con inventarios reducidos o mezclas alternativas. Los contratos de entrega —base invisible del comercio energético— se incumplieron bajo cláusulas de fuerza mayor.