Festival de Millones y Millones

Por la Redacción.- Ramón Benito Suárez / Editor 

 

La democracia permite muchas cosas. A través de ella, los pueblos, según teoría, tienen participación directa en las tomas de decisiones. En República Dominicana desde el ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo, hay supuestamente democracia. 

 

Nos han metido esa tetera un grupo de “nacionalistas” de aposento con el asunto de la democratización de la nación. Pero, como estamos en un país rico “pobremente administrado”, decía el doctor Joaquín Balaguer, hay que sentarse en un banco de cemento, de esos hay en algunos parques de pueblos, para no morirnos, creyendo ese sofisma.

 

Desde el 1965 cuando se armó un titingó cuando derrocaron al profesor Juan Bosch, hasta hoy, ese grupillo de rufianes, han chupado este país como si fuera “una manga dulce” de montes del municipio de Bayaguana.

 

Cuando yo tenía como 8 años, el líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), José Francisco Peña Gómez, cuando iba en tiempos de campaña a mi adorado pueblo a la casa de mi tía Carolina Castillo (calle Independencia 3) allá se bañaba y comía.

 

Eran tiempo de democracia en pañales y el crecimiento de un buen número de líderes que, con el paso del tiempo, se fueron adhiriendo al sistema podrido de la entelequia de democracia dominicana.

 

El juego de las elecciones en este destartalado país, se concentra en partidos fijos, léase, Partido Revolucionario Moderno, una sección del Partido Revolucionario Dominicano, Partido Reformista (sobrevive aún), Partido Morado y el Partido Blanco (ese que fundó Juan Bosch junto a líderes de verdad).

 

Esas organizaciones han destruido este país cada 4 años. Con la Constitución Dominicana, han hecho de todo. De pasársela por el (…) hasta modificarla cuando “le dé su (…) gana”.

 

Esta patria fundada por un grupo de verdaderos dominicanos, no merece esa asociación de malhechores que han saqueado las arcas del Estado y todavía hay muchos ya octogenarios, que quieren seguir chupando como murciélagos el Erario.

 

Sólo se habla de millones y millones. Ya cualquier letrina que inauguran, sale al pueblo por millones de pesos. Es un festival de millones. Tantos millones en un país, que el servicio de agua potable llega a los hogares por días. Un país que las citas médicas en los hospitales públicos, la anotan en una mascota. Un país que hay carros de concho dando servicios “cayéndose a pedazos”. Un país que a las horas picos, no hay quien salga.

 

Este país merece una clase de gobernante más humanos. Que no sean ricos de cuna, sino de  clases  media que se han acostado de cenar y han cogido mucha lucha.