La nueva era del cáncer de mama, cuando la prevención empieza antes del tumor

Santo Domingo, RD.- Durante décadas, ha habido campañas sobre la detección, realizarse mamografías periódicas, la autoexploración, un diagnóstico precoz. Esta estrategia ha funcionado ha salvado millones de vida,  pero esta metodología ha sido reemplazada por un modelo distinto, que involucra la estratificación genética y molecular del riesgo, la quimioprevención y las herramientas predictivas basadas en inteligencia artificial; de esta manera, la intervención se produce antes de que el tumor sea detectable.

“El cáncer de mama está dejando de entenderse como un evento que simplemente debemos detectar, para comenzar a comprenderlo como una trayectoria de riesgo que podemos modelar, vigilar y, cuando sea posible, interrumpir antes de que la enfermedad se manifieste clínicamente”, afirmó la doctora Lourdes Marmolejos, radiooncóloga y especialista del Centro de Radioterapia Integral RADONIC.

El cáncer de mama está dejando de entenderse como un evento que se detecta y pasa a entenderse como una trayectoria de riesgo que se modela, se vigila y, de ser posible, se interrumpe antes de que se manifieste clínicamente. Con esto no quiero decir que la mamografía ni el diagnóstico precoz se eliminen pues siguen siendo imprescindibles y gold standard, pero los sitúa como una capa más dentro de una estrategia que empieza mucho antes: en la genética, en la biología del tejido mamario y en algoritmos que son capaces de predecir el riesgo, donde el ojo humano solo ve normalidad.

Existen modelos de riesgo bastante precisos que integran antecedentes familiares, densidad mamográfica, factores reproductivos y puntuaciones de riesgo de genomas, como el Modelo de Gail, el Tyrer-Cuzick o el BOADICEA. Estas herramientas se traducen en generar un riesgo acumulado individualizado a lo largo de la vida, en vez de categorizar la enfermedad como “de bajo o alto riesgo”.

 

Este giro también está cambiando el tratamiento local. Durante mucho tiempo, la radioterapia adyuvante tras cirugía conservadora fue prácticamente universal, basada en estadio y edad. Hoy, ensayos como LUMINA o PRIME II muestran que, en mujeres mayores con tumores luminal A de bajo riesgo biológico, omitirla no compromete la supervivencia global.

“La prevención del cáncer de mama avanza hacia una medicina cada vez más individualizada. Ya no se trata únicamente de clasificar a las pacientes en grupos amplios de bajo o alto riesgo, sino de conocer sus características genéticas, moleculares y biológicas para tomar decisiones adaptadas a su riesgo particular”, explicó la especialista del Centro de Radioterapia Integral RADONIC.

Otro pilar es la quimioprevención basada en evidencia. Los moduladores selectivos del receptor de estrógeno, como el tamoxifeno y el raloxifeno, y los inhibidores de aromatasa, como el anastrozol y el exemestano, han demostrado una reducción de riesgo de un 40-65%.

Y, por último, y el más importante de los tres pilares, está la cirugía de reducción de riesgo. En aquellas pacientes portadoras de mutaciones de alta penetrancia, la mastectomía y/o salpingooforectomía bilateral profiláctica reduce el riesgo en más del 90%. En estas pacientes, el estándar de vigilancia es mediante una resonancia de mamas anual como complemento de una mamografía.

Lo novedoso es la biología del microambiente y las lesiones precursoras. Cómo una hiperplasia atípica y carcinoma ductal in situ (CDIS) pasan a una enfermedad invasora. Una biopsia líquida y el ADN tumoral circulante que ayuda a detectar señales moleculares antes de que exista un signo radiológico.

Podemos concluir que las implicaciones clínicas se verán afectadas, exigiendo cambios estructurales, como la formación de una consejería genética dentro del equipo multidisciplinario, acceso a pruebas genéticas, una vigilancia activa e intensificada en los sistemas de salud pública y un departamento de ética que integre las cuestiones psicosociales para el manejo de la ansiedad anticipada a la cual una paciente será sometida por vivir con un riesgo cuantificado antes de padecer la enfermedad.

El cáncer de mama está dejando de entenderse como un evento que se detecta, para entenderse como una trayectoria de riesgo que se modela, se vigila y, cuando se puede, se interrumpe antes de manifestarse. Esto no vuelve prescindible la mamografía ni el diagnóstico precoz, pero los coloca como una capa más dentro de una estrategia que empieza mucho antes, en la genética, en la biología del tejido mamario y en algoritmos capaces de leer el riesgo donde el ojo humano solo ve normalidad.