Una granja de Minnesota encontró la forma de producir energía solar y de crear algo más: el refugio perfecto para sus vacas
Tener una instalación solar en un terreno rural es algo que puede beneficiar tanto a humanos como a animales. Ya hemos contado en otras ocasiones cómo la agrivoltaica puede tener efectos positivos en los animales, como en las aves e insectos, o incluso en ovejas. Un equipo de la Universidad de Minnesota ha descubierto que también aporta beneficios a un animal mucho más grande y mucho más sensible al calor: la vaca lechera. Y es que han respondido a la pregunta de qué pasaría si dejamos que las vacas pasten bajo la sombra de un sistema de placas solares.
De qué va el estudio. Según los propios autores del trabajo, publicado en las actas de la conferencia AgriVoltaics2021, no existía investigación previa que analizara el uso de un sistema solar instalado en el suelo para dar sombra a vacas lecheras y medir cómo les afecta. Así que sin más, se pusieron a ello.
Todos ganan. La ganadería arrastra una fuerte dependencia de los combustibles fósiles, con el coste económico y ambiental que eso supone. La idea de la agrivoltaica es matar dos pájaros de un tiro, usando el mismo terreno para generar electricidad limpia y, a la vez, para producir alimento. En el caso de una granja lechera, los paneles podrían dar sombra a las vacas durante las olas de calor, ya que el estrés térmico afecta directamente a su bienestar y a su producción. En una granja de Morris, Minnesota (donde se hizo el estudio), se ordeñan unas 275 vacas dos veces al día, cifras que representan la media del Estado.
Cómo lo han hecho. En el verano de 2018 instalaron en un pasto un sistema solar de 30 kilovatios montado sobre el suelo, con los paneles colocados a entre 2,4 y 3 metros de altura para que las vacas no pudieran alcanzarlos. El estudio con los animales se desarrolló de junio a septiembre de 2019 con 24 vacas mestizas, divididas en dos grupos: la mitad con acceso a la sombra de las placas y la otra mitad pastando sin sombra alguna.
Para medirlo todo sin depender solo del ojo humano, cada animal llevaba un sensor de oreja CowManager (que registraba si rumiaba, comía o estaba activo) y un bolo SmaXtec alojado en el retículo del estómago, que medía la temperatura corporal interna, la actividad y las veces que bebían. A esto se sumaron observaciones visuales diarias de higiene, cojeras y lesiones, además de recuentos de moscas. Las temperaturas máximas durante el estudio oscilaron entre los 27 y los 34 °C.
Lo que no cambió. En muchos indicadores clave, no hubo diferencias entre los dos grupos. Ni en la cantidad de moscas, ni en la producción de leche, grasa o proteína, ni en el peso corporal, la condición física, las veces que bebían, las lesiones o la forma de caminar. Así que la sombra no disparó la producción de leche como cabría esperar.
Los motivos de la ausencia de estos cambios, según los autores, es que las vacas solo estuvieron bajo la sombra 28 de los 175 días que pastaron durante el verano. Es decir, el experimento fue demasiado breve en exposición real para poder determinar efectos a largo plazo. Ellos mismos apuntan que, de haber estado bajo las placas todo el verano, quizá sí se habrían observado cambios en la leche.
Lo que sí cambió. Donde el sol aprieta de verdad, las placas marcaron diferencia. Durante la tarde, las vacas con sombra respiraban más despacio (unas 66 respiraciones por minuto frente a las 78 de las vacas sin sombra), una señal clara de menor estrés por calor. Y la temperatura corporal interna también lo confirmaba, pues entre la una del mediodía y la medianoche, las vacas sin sombra registraban temperaturas hasta medio grado más altas. Durante las horas centrales, entre ordeño y ordeño, las vacas a la sombra se mantuvieron más frescas.
Lo malo. Las vacas con sombra acabaron con la barriga y las patas más sucias. El motivo es que las vacas usaban la zona de sombra para descansar y tumbarse, y como también defecaban y orinaban justo bajo los paneles, el suelo se ensuciaba. A eso se sumó que el terreno bajo las placas estaba más fresco y húmedo, y que las vacas tendían a apiñarse en menos espacio.
También se observó que las vacas con sombra tenían menos picos de actividad alta, porque pasaban las horas de más calor quietas bajo los paneles.
Energía. No hay que olvidar que el sistema seguía siendo, ante todo, una planta solar. Durante 2019, esos 30 kilovatios generaron 35,535 MWh de energía. Según los cálculos de beneficio ambiental que recoge el estudio, eso equivale a ahorrar 37.238 kg de emisiones de CO₂, lo mismo que plantar unos 2.066 árboles, según apuntan.
Conclusiones. El equipo cuenta que es posible que las vacas sacrificaran tiempo de pasto a cambio de refugiarse bajo la sombra. Aun así, concluyen que la agrivoltaica puede ser un método más que aceptable para combatir el calor en vacas lecheras de pasto, al tiempo que genera energía y reduce la huella de carbono de la explotación. Además, según cuentan, incorporar la agrivoltaica a un sistema lechero de pasto podría mejorar la salud de las vacas, reducir el estrés térmico y aumentar la eficiencia del uso del suelo.
Y ahora qué. El estudio era explícitamente un punto de partida. El propio equipo anunció un nuevo proyecto ese mismo año con la idea de diseñar estructuras solares que sirvan a la vez de sombra en verano y de cortavientos o pantalla contra la nieve en invierno, además de probar sistemas de seguimiento solar y arrays sobre terrenos marginales.
Para ello construyeron una “estación solar de sombra portátil” remolcada por un tractor eléctrico. En ese estudio concluían que bajo los paneles crecen forrajes de buena calidad y que estos mejoran el bienestar del ganado dando sombra en verano y protección frente al viento en invierno. Eso sí, también contaban que a sombra total, la producción de pasto se desplomaba, así que la clave era equilibrar sombra y cultivo.