Cataluña quiere recuperar en África unas criaturas perdidas hace medio siglo. El problema es que pueden comerse 30 kilos de pescado al día
En Cataluña han dado luz verde al regreso de una criatura que desapareció de sus costas hace más de medio siglo. El plan parece simple: traer focas monje desde África y devolverlas al Mediterráneo, empezando por algunos enclaves de la Costa Brava. La iniciativa promete recuperar una especie amenazada y restaurar parte del equilibrio ecológico perdido. El problema está en su apetito: según los pescadores y las autoridades locales, cada ejemplar adulto puede llegar a consumir hasta 30 kilos de pescado al día.
Dos municipios ya han dejado claro que no van a asumir las consecuencias.
Un regreso después de 50 años. La Generalitat quiere recuperar la foca monje del Mediterráneo (Monachus monachus), una especie que antiguamente habitaba las costas catalanas y cuya presencia fue disminuyendo durante el siglo XX. La caza, las capturas accidentales, la persecución por parte de pescadores y la transformación del litoral contribuyeron a su desaparición.
Uno de los últimos avistamientos documentados en el cabo de Creus se produjo en 1973, entre Roses y Cadaqués. El secretario de Transición Ecológica, Jordi Sargatal, lleva más de veinte años defendiendo su recuperación y quiere reactivar el proyecto en 2027, con el cabo de Creus y la isla balear de Cabrera entre los principales lugares considerados.
La solución está a miles de kilómetros, en África. El proyecto contempla trasladar ejemplares procedentes de la colonia de Cabo Blanco, situada en la costa atlántica entre Mauritania y el Sáhara Occidental, uno de los principales refugios mundiales de la especie. Existe un marco de cooperación entre Mauritania, Marruecos, España y Portugal para estudiar el traslado de focas, y Sargatal ha planteado la posibilidad de movilizar entre 15 y 20 animales anuales hacia distintos programas de recuperación.
La estrategia incluye reforzar poblaciones atlánticas como las de Canarias y Madeira y favorecer el intercambio genético con las poblaciones del Mediterráneo oriental. La especie cuenta con una población mundial estimada en varios centenares de ejemplares, repartidos principalmente entre el Atlántico africano, Madeira, Grecia, Turquía y Chipre. El objetivo es crear nuevas poblaciones reproductoras y reducir el riesgo de que una enfermedad o una catástrofe ambiental afecte a una proporción importante de los animales supervivientes.
El problema son los 30 kilos de pescado. La oposición más contundente ha llegado desde El Port de la Selva, cuyo Ayuntamiento y cofradía de pescadores advierten de las consecuencias que podría tener la llegada de estos mamíferos marinos. Según el consistorio, una foca monje adulta puede consumir hasta 30 kilos de pescado diarios, una cantidad que compara con las capturas de una embarcación durante una semana.
Una apreciación: esa cifra representa el máximo invocado por las autoridades municipales y no debemos confundirla con una ingesta diaria media científicamente acreditada. En cualquier caso, los pescadores temen que la recuperación de un depredador de gran tamaño aumente la competencia por los recursos marinos y afecte a una actividad que consideran fundamental para la economía y la identidad cultural de la localidad.
Tres calas en el centro de la disputa. Porque el Ayuntamiento de Cadaqués también rechaza el proyecto, especialmente por la posibilidad de instalar un recinto experimental en Cala Jugadora, dentro del Parque Natural del Cap de Creus. Según el consistorio, la propuesta podría afectar a tres calas y exigir modificaciones del Plan Rector de Uso y Gestión del parque, con restricciones a la navegación, el fondeo y el acceso a pie.
El municipio cuenta con más de mil embarcaciones y considera que estas limitaciones perjudicarían a la pesca profesional, las empresas náuticas, los centros de buceo y el turismo. Su alcaldesa, Pia Seriñana, ha denunciado que conocieron los detalles a través de los medios de comunicación y exige que se paralicen los trámites hasta que exista información formal y un acuerdo con los sectores afectados.
Una especie amenazada que intenta recuperarse. La foca monje es uno de los mamíferos marinos más escasos del planeta. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza estima que sobreviven aproximadamente entre 800 y 1.000 individuos y, gracias a los avances de conservación, rebajó su categoría mundial de amenaza de “En peligro” a “Vulnerable” en 2023.
Dicho esto, la recuperación sigue siendo frágil: las poblaciones están fragmentadas, los animales necesitan lugares tranquilos para reproducirse y las interacciones con las actividades pesqueras continúan siendo una amenaza. Para los promotores del proyecto, devolver la especie a Cataluña permitiría recuperar un depredador que formó parte de sus ecosistemas durante siglos.
Una recuperación que tendrá que negociar con la costa. La Generalitat mantiene la iniciativa en una fase preliminar y todavía no existe una fecha definitiva para liberar las criaturas. Ante las resistencias de Cadaqués y El Port de la Selva, Sargatal ha planteado estudiar otros emplazamientos próximos a Portbou, mientras las autoridades locales reclaman información, participación y garantías sobre el futuro de sus actividades económicas.
Sea como fuere, el proyecto resume una de las grandes dificultades de recuperar especies desaparecidas: el territorio al que se pretende devolverlas ha cambiado profundamente durante su ausencia. Así, medio siglo después, el regreso de la foca monje dependerá tanto de las condiciones ecológicas como de la capacidad para hacer compatible su protección con la pesca y los usos tradicionales del litoral.
Imagen | Wikimedia, Marinko Babić, Vasilis drosakis