El paradero de la tumba de Nefertiti obsesiona a los arqueólogos desde hace un siglo. Una cámara oculta podría tener la respuesta

Desde que Howard Carter descubriera la tumba de Tutankamón (o tumba KV62) en 1922 en el Valle de los Reyes, todo son misterios: la sala tenía unas dimensiones sorprendentemente pequeñas para un faraón, la disposición era poco común y el ajuar funerario resultaba inusualmente rico para un espacio tan reducido. Otro misterio de los personajes ilustres del Antiguo Egipto es el paradero de Nefertiti, cuya momia nunca se ha identificado con seguridad.

Ambos enigmas están conectados desde 2015, cuando el egiptólogo Nicholas Reeves propuso que unas grietas en el muro norte de la tumba de Tutankamón escondían una cámara mayor, quizá la de Nefertiti. Desde entonces, ha habido estudios con conclusiones contradictorias. Una última investigación reciente retoma esa hipótesis.

El hallazgo. Como detalla Nature, el equipo de investigación empleó dos técnicas para analizar el espacio: un radar de penetración terrestre desde el interior de la tumba y una medición de gravedad en el terreno de alrededor. Los datos apuntan a la existencia de un corredor de unos dos metros de ancho, lleno de escombros, que se aleja de la cámara funeraria, y a formas con ángulos rectos bajo tierra, dispuestas de forma paralela al muro norte de la tumba. Las investigaciones previas no lo detectaron porque buscaban un gran hueco vacío justo detrás del muro.

¿Una tumba anterior? Si esta estructura es verdaderamente una cámara, este complejo oculto podría pertenecer a una tumba anterior y de mayor tamaño, quizás de Nefertiti, que se usaría después de forma precipitada para enterrar a Tutankamón tras su muerte prematura. 

Nunca se ha encontrado el cuerpo de la reina Nefertiti, esposa del faraón Akenatón y posible corregente hacia el final de su reinado, así que la hipótesis apunta directamente a ella. Según Eldamaty, autor principal del estudio, de confirmarse podría tratarse de uno de los descubrimientos arqueológicos más impactantes de los últimos años.

Más de una década con la mosca detrás de la oreja. La hipótesis no es nueva: Reeves la propuso en 2015 a partir de líneas y grietas en el muro norte de la cámara funeraria, que interpretó como una falsa pared que los constructores egipcios usaban para ocultar cámaras extra. Desde entonces ha habido diferentes escaneos con resultados contradictorios: en 2016 Egipto dijo estar casi seguro de que había huecos, pero en 2018 otro estudio con radar concluyó que no había ninguna cámara y el asunto se cerró. 

La anomalía 7. En las pruebas encontraron una zona interesante, denominada "anomalía 7", una zona mayoritariamente de baja densidad que rodea un área cuadrada de alta densidad que podría corresponder a una sala con objetos dentro, si bien como el investigador e ingeniero de estructuras George Ballard reconoce, están "en el límite mismo de la detección". Si el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto da el visto bueno, en noviembre de 2026 podrían empezar a perforar pequeños agujeros para meter cámaras diminutas y mirar qué hay dentro.

Con cautela. Ya hemos visto que no es la primera vez que esta idea está sobre la mesa, por lo que la comunidad científica pide calma. Nature recoge los testimonios de Christopher Gaffney, especialista de la Universidad de Bradford, que se refiere al informe como "fascinante pero insuficiente" para obtener conclusiones firmes. Peter Styles, geofísico de la Universidad de Keele, opina que la presencia de cámaras "parece plausible", pero pide más detalles. Pronto los tendrán: primero, porque el equipo todavía no tiene permiso para liberar todos los detalles y después, por la posible investigación con cámaras.


Portada | Richard Mortel