En 1930, alguien plantó un bosque en Alemania. Un siglo después, sus árboles guardan un secreto: nadie sabe explicar lo que ocurre cuando salen del suelo

La historia arranca hacia 1930, cuando alguien plantó un pequeño bosque de pinos en una localidad que entonces pertenecía a Alemania. Después llegaron Hitler, la Segunda Guerra Mundial, la destrucción de la región y unas nuevas fronteras que convirtieron aquel territorio en parte de Polonia. Casi un siglo después, los árboles siguen allí, conservando un secreto que sobrevivió a todo aquello: sus troncos realizan un giro de casi 90 grados nada más salir del suelo, avanzan horizontalmente durante varios metros y después recuperan su crecimiento vertical. 

Nadie ha conseguido demostrar cómo demonios es posible. 

Un bosque que se quedó en otro país. El escenario de esta historia es Krzywy Las, literalmente el Bosque Torcido, situado junto a Nowe Czarnowo, cerca de la ciudad polaca de Gryfino y de la frontera alemana. Cuando se plantaron aquellos pinos, a comienzos de la década de 1930, la localidad se llamaba Greifenhagen y formaba parte de Alemania. 

El territorio pertenecía a la provincia prusiana de Pomerania, en una Europa cuyas fronteras cambiarían radicalmente después de 1945. Hoy, aquel pequeño bosque constituye un monumento natural protegido y uno de los paisajes más insólitos del noroeste de Polonia.

La misma curva. La peculiaridad de Krzywy Las comienza a escasos centímetros del suelo. Los troncos se inclinan de forma brusca, describen una curva semejante a una J y se extienden lateralmente entre uno y tres metros antes de enderezarse y continuar creciendo hacia arriba. Los ejemplares más altos alcanzan aproximadamente 15 metros y presentan un aspecto saludable. 

Lo verdaderamente desconcertante es la uniformidad del fenómeno: las curvas apuntan hacia el norte y comienzan aproximadamente a la misma altura, mientras otros pinos de los alrededores crecen con absoluta normalidad. Durante décadas se ha repetido que existen unos 400 árboles deformados, una cifra cuya exactitud resulta discutible y que algunas fuentes forestales locales reducen. Sea como fuere, lo que sí está demostrado es el fenómeno insólito. 

Krzywy Las

Lo que saben los científicos. Gary Coleman, profesor de ciencias vegetales de la Universidad de Maryland, explicó hace un tiempo a The Washington Post que la forma de los troncos encaja con una respuesta natural de los árboles a la gravedad. Las plantas poseen mecanismos celulares que les permiten detectar su orientación y modificar el crecimiento para recuperar la verticalidad. 

Entre ellos intervienen unos pequeños gránulos de almidón que se desplazan dentro de determinadas células cuando cambia la posición del tallo. Coleman considera posible que los pinos quedaran tumbados cuando eran todavía muy jóvenes y posteriormente comenzaran a crecer hacia arriba. Este mecanismo explica cómo pudieron desarrollar semejantes curvas, aunque deja pendiente la pregunta fundamental: qué los obligó a adoptar inicialmente aquella posición.

Nowe Czarnowo Krzywy Las

La sospecha de una mano humana. Una de las hipótesis más extendidas apunta a los antiguos agricultores o trabajadores forestales de la zona. Según esta explicación, los pinos habrían sido plantados deliberadamente para producir madera curvada destinada a fabricar muebles, embarcaciones u otras estructuras que requerían piezas con formas específicas. 

Esta hipótesis cuenta que los responsables habrían sujetado los árboles jóvenes cerca del suelo durante su crecimiento, obligándolos a desarrollar una curvatura que quedaría incorporada permanentemente al tronco. La técnica de modelar árboles vivos tiene precedentes documentados y explicaría la regularidad del conjunto. Sin embargo, ningún registro histórico conocido demuestra que se aplicara en Krzywy Las, ni se ha identificado a las personas que supuestamente llevaron a cabo el trabajo.

D

La guerra se llevó las respuestas. La historia europea ofrece una posible explicación de por qué nunca llegó a conocerse el propósito de aquella plantación. En 1939, cuando Alemania invadió Polonia y comenzó la Segunda Guerra Mundial, Greifenhagen seguía siendo territorio alemán. Durante los últimos meses del conflicto, en 1945, la región sufrió los efectos de los combates y de la ofensiva soviética. 

Tras la derrota nazi, la localidad quedó bajo administración polaca y su población alemana huyó o fue expulsada, mientras nuevos habitantes polacos se establecían en la zona. Si existía un proyecto forestal para aprovechar aquellos troncos, pudo quedar interrumpido por la guerra. La desaparición de la comunidad que había vivido allí durante generaciones también pudo borrar la memoria de quién había plantado los árboles y con qué intención. 

¿Y si fue un tanque? La relación con la guerra ha alimentado una explicación todavía más llamativa: que vehículos militares aplastaran los pinos cuando eran pequeños, obligándolos a crecer horizontalmente antes de recuperar su posición vertical. También se han propuesto grandes nevadas, fuertes tormentas y otras alteraciones ambientales capaces de deformar árboles jóvenes. 

William Remphrey, investigador retirado de la Universidad de Manitoba, explicó a The New York Times que una mutación genética resulta poco convincente porque las deformaciones se concentran en la base de los troncos y presentan curvas relativamente suaves. Las hipótesis naturales y militares tienen dificultades para explicar la orientación y regularidad del conjunto, aunque esas características tampoco constituyen una prueba definitiva de intervención humana.

Un secreto que sobrevivió a Hitler. Lo que parece claro es que, casi cien años después de su plantación, Krzywy Las sigue conservando las huellas de un episodio cuyo origen se desconoce. Los científicos pueden explicar cómo un pino consigue enderezarse después de haber crecido tumbado, y los historiadores conocen las transformaciones políticas y demográficas que experimentó la región.

Falta la pieza que conectaría ambas historias: un documento, un testimonio o alguna evidencia que permita reconstruir qué sucedió realmente en aquella plantación de la Alemania de entreguerras. Mientras esa prueba no aparezca, los árboles seguirán creciendo sobre sus extraordinarias curvas, convertidos en testigos de un pasado que atravesó una guerra mundial, cambió de país y perdió a quienes quizá conocían su verdadera explicación.

Imagen | Kengi, Michał Słupczewski, Artur Strzelczyk, Adam Lederer