En 1946, Argentina soltó 20 castores en Tierra de Fuego. Ahora se han convertido "la mayor alteración paisajística desde la última glaciación"
En 1945, la Secretaría de Marina de la República Argentina pidió 50 castores a Canadá. La idea era sencilla: sobre el papel, Tierra del Fuego (que entonces estaba administrada por la Secretaría) tenía todo para convertirse en una potencia peletera: ríos, bosques y frío.
Canadá respondió a la llamada. La mala noticia es que solo pudo mandar 20 animales. La buena noticia es que fue suficiente.
Esta es la historia de cómo 20 castores cambiaron radicalmente la fisionomía de la región.
La historia de los castores. En noviembre de 1946, soltaron a los 20 castores junto al río Claro, al noreste del lago Fagnano. Los medios de la época explicaban que todo esto llegaba "con el fin de enriquecer nuestra fauna". Por cuestiones que no están del todo claras, la industria peletera nunca llegó a ponerse en marcha.
Y quizás por eso a los castores les fue bien: en pocas décadas colonizaron prácticamente todas las cuencas del archipiélago (y a ambos lados de la frontera chileno-argentina).
¿Y qué significa eso? Se suele decir que "70.000 diques", pero eso se queda corto. La cifra viene de un estudio de la Universidad de Buenos Aires que contó 70.682. Sin embargo, solo miraron en la mitad argentina de la isla principal. Cuando se cartografió el archipiélago completo a partir de imágenes aéreas, la cifra total fue de 206.203.
Y, ojo, esa cifra es conservadora. Porque, como explicaban los propios investigadores, los diques abandonados y cubiertos de pasto no podían contabilizarse bien.
No parece mucho teniendo en cuenta que el gobierno Argentino dice que hay unos 100.000 castores en aquella zona (aunque nunca se han contado).
¿Más de 100.000 castores en un territorio similar a Castilla La Mancha? Efectivamente. Y justo ahí empiezan los problemas. Los castores restauran humedales en Norteamérica porque, entre otras cosas, conviven con lobos, osos y linces. Es decir, hay mecanismos ecológicos que los mantienen a raya.
En Tierra del Fuego, sin depredadores, las poblaciones se están descontrolado. Y los bosques no están preparados para ello.
El resutaldo es que los castores se han convertido en un vector de deforestación enorme.
¿En serio? Los expertos hablan desde hace décadas de "la mayor alteración a escala de paisaje en los bosques subantárticos desde la última glaciación". En Argentina, se estiman pérdidas de unos 66,6 millones de dólares anuales solo en Tierra del Fuego. En Chile, la FAO y el proyecto GEF Castor calculan unos 73 millones de daño acumulado en siete décadas y estiman más de 260 millones en los próximos 20 años si todo sigue así.
¿Y va a seguir así? Técnicamente, no tiene por qué ser así. Entre 2016 y 2018, un proyecto argentino consiguió sacar a más de 1.000 ejemplares de siete áreas concretas. Las conclusiones fueron que la erradicación es técnicamente posible y con un coste de apenas 15 millones de dólares en 15 años. El problema es que, en 2025, el plan seguía muerto políticamente y sin financiación.
Lecciones que aprender. Tierra del Fuego es un buen ejemplo de que retrasar 20 años una decisión no tiene por qué solucionar los problemas. Es más, puede convertirlos en una bola tan grande que nadie está dispuesta a asumir.
Imagen | Wolfgang Hasselmann