Frente a la crisis demográfica, una ciudad de Japón ha aparecido con miles de habitantes nuevos. El problema es que la policía no los encuentra

Japón lleva casi dos décadas buscando la fórmula para frenar una crisis demográfica que vacía pueblos, envejece ciudades y reduce cada año su población. En Toyama, una ciudad que acababa de atravesar una frontera especialmente dolorosa (caer por debajo de los 400.000 habitantes), las autoridades investigan ahora un atajo mucho más sencillo: funcionarios municipales están acusados de haber añadido nada menos que más de 2.000 vecinos que no existían al último censo.

Un agujero cada vez más grande. Lo hemos ido contando. El país alcanzó entonces un máximo cercano a los 128 millones de habitantes y hoy ronda los 123 millones. Los datos del último censo muestran una caída de unos 3,17 millones entre 2020 y 2025, mientras alrededor de tres de cada diez residentes tienen ya 65 años o más. 

La contracción se ha convertido en uno de los grandes problemas estructurales de Japón y alcanza prácticamente todo el mapa: el último año la población descendió en 46 de sus 47 prefecturas.

Toyama y una cifra dolorosa. La capital de la prefectura de Toyama, situada junto a los Alpes japoneses, llevaba años presentándose como ejemplo de cómo adaptar una ciudad al envejecimiento y la pérdida de habitantes. 

Cuando una estimación publicada en mayo indicó que había caído por debajo de los 400.000 residentes, su alcalde, Hirohisa Fujii, reconoció que aquel número tenía un importante peso simbólico y calificó el aumento de la natalidad como una prioridad urgente. La ciudad necesitaba ralentizar una caída demográfica que ya resultaba imposible esconder.

D La ciudad de Toyama

Aparecen 400K habitantes. La cifra preliminar del censo permitió a Toyama conservar aparentemente aquella barrera: 402.133 residentes. La revisión definitiva realizada por el Ministerio del Interior japonés dejó una imagen muy distinta. 

La población real quedó establecida en 399.197 personas, casi 3.000 menos, suficiente para devolver a la ciudad al otro lado de la frontera que tanto preocupaba a sus autoridades.

La sospecha de llenar casas vacías es evidente. Porque las investigaciones preliminares apuntan claramente a que funcionarios relacionados con el censo habrían alterado registros que los encuestadores habían identificado inicialmente como hogares vacíos. 

De esa manera se habrían añadido falsamente más de 2.000 residentes. El Gobierno central presentó una denuncia penal y la policía registró el Ayuntamiento de Toyama, mientras Fujii aseguró que colaborará con la investigación y negó que los responsables municipales de mayor rango hubieran ordenado inflar las cifras.

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Inventar vecinos es más dinero. Recordaban en el New York Times que el censo japonés se realiza cada cinco años y sus resultados tienen consecuencias que van mucho más allá de la estadística. La población interviene en el cálculo de determinadas transferencias que reciben los gobiernos locales, por lo que perder habitantes puede traducirse también en perder financiación. 

Toyama calcula que podría haber recibido alrededor de 60 millones de yenes (unos 380.000 dólares) más de lo que le correspondía, aunque esa cantidad también está relacionada con otros factores demográficos como el descenso del número de escolares.

En juego: la imagen como modelo. Toyama había sido destacada internacionalmente por su modelo de ciudad compacta, diseñado para contener la expansión urbana y reducir la dependencia del automóvil. 

De hecho, expertos consultados en Japón apuntan a que conservar los 400.000 habitantes podía tener además un componente reputacional frente a ciudades regionales como Kanazawa o Niigata. Mantener aquella cifra permitía preservar sobre el papel una dimensión urbana que la realidad demográfica estaba empezando a borrar.

Japón busca habitantes reales. Si se quiere también, la paradoja de Toyama resume buena parte del problema demográfico japonés. El país intenta elevar la natalidad y sostener unas comunidades cada vez más envejecidas mientras Toyama acaba de descubrir hasta qué punto puede pesar perder unos pocos miles de vecinos. 

La investigación determinará quién manipuló realmente los registros y por qué. Pero lo que ya sabemos a esta hora es que el censo definitivo dejó a la ciudad con 399.197 habitantes y convirtió su intento de mantenerse por encima de los 400.000 en una investigación policial que apunta directamente a unos habitantes que hasta hace poco no existían. 

Imagen | 名古屋太郎, digicacy, RawPixel