Galicia ha sido desde siempre el paraíso del marisco en España: ahora afronta una crisis existencial sin precedentes

Buenas playas, buen clima, buena mesa. Durante años esa tríada afortunada convirtió a Galicia en un destino de vacaciones para familias de toda España. Aquí (sí, un servidor escribe desde la comunidad) encontraban costas, buenos paisajes, patrimonio, precios aceptables y temperaturas más tolerables que en otros rincones de la península. El problema es que, canícula e incendios aparte, uno de los elementos de esa ecuación está sumido en una profunda crisis: el marisco, emblema de la cocina gallega, atraviesa sus horas más bajas.

Y no parece que el panorama vaya a mejorar en breve.

El "vía crucis" del marisco. La expresión no es nuestra, la usó hace unos meses Lorena Bustabad, de El Confidencial, para referirse al peculiar calvario que está atravesando el marisco gallego. Y aunque puede sonar exagerado, da en el clavo. La meteorología, la marea roja, las vedas, los cambios en el consumo de los hogares y la competencia de otras regiones (Italia, Portugal, Canadá, Reino Unido o Marruecos, depende del producto del que hablemos) han hecho que el sector de las Rías Baixas y Altas lleve tiempo ecandenando desafíos.

Un desplome del 52%. Lo anterior no es nuevo. Lo que sí resulta novedoso es un dato que refleja cómo de grave es la crisis que afrontan las mariscadoras del noroeste peninsular. Los últimos datos de "Pesca de Galicia", una plataforma online vinculada a la Xunta, muestra que el volumen de bivalvo vendido en las lonjas de la región se ha desplomado en la última década. Si en 2015 se registraron 7.795.240 kilos, el año pasado fueron solo 3.742.212.

En resumen, un 52% menos en solo diez años. Es un dato importante porque Pesca de Galicia recoge información sobre "primeras ventas", la mercancía que se comercializa en las lonjas y pasa de manos de los pescadores y mariscadores a los mayoristas, distribuidores y demás intermediarios. Además la plataforma de la Xunta muestra que hay especies dónde el desplome ha sido mucho más grave.

El "pinchazo" de la almeja. La peor parada ha sido la almeja. La web Galicia Digital se ha dedicado a examinar en detalle el desembarco de especies en las lonjas y se ha encontrado con que el desplome de capturas es particularmente grave en el caso de las variantes de almeja babosa y fina y el berberecho.

Si hablamos de la primera (almeja babosa), el volumen movido en las lonjas gallegas pasó de 1.079.485 kilos en 2015 a apenas 116.265 el año pasado, lo que deja un retroceso del 89,2%. En el caso de la fina se bajó de 547.668 a 69.819. Otro retroceso del 87,3%. El berberecho cayó también por encima del 80%.

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Menos género, más caro. El descenso de volumen de bivalvos en las rías gallegas ha llegado acompañado de una subida considerable de precios. Una que (irónicamente) no deja satisfechos ni a clientes ni a mariscadores. 

La plataforma muestra que el precio medio de 2025 se situó en 12,76 euros/kilo, la mayor cotización de la década si hablamos de bivalvos. En 2024 se movían de hecho en 11,83 €/kg. Esa subida explica que, aunque se vendió mucho menos mercancía, la recaudación global alcanzó los 47,75 millones de euros, un 7,5% más. El problema es que sigue siendo mucho (muchísimo) menos que lo facturado en 2019, cuando el monto global superó los 88 millones.

¿A qué se debe ese bajón? Hay un factor clave: la meteorología. Para entenderlo hay que remontarse al menos a otoño de 2022 e invierno de 2023, cuando el sector se encontró primero con una ola de calor fuera de lo común a la que le siguió, hacia finales de año, una sucesión de borrascas que golpeó de lleno los bancos de bivalvos. ¿El motivo? La lluvia satura los ríos y embalses con agua dulce que acaba llegando de golpe a las rías, donde altera la salinidad del fondo.

La situación mejoró algo en 2025, cuando los bancos de bivalvos parecieron recuperarse, pero la alegría no duró mucho. Como recordaba en junio la Xunta, a comienzos de 2026 el litoral gallego sufrió un tren de ocho borrascas seguidas. A finales de febrero Liliana Solís, bióloga, explicaba a elDiario.es que sus primeros muestreos apuntaban a una mortalidad del 89% en el berberecho, el 66% en la almeja japónica, 96% en la babosa y 31% en la fina. Eran datos preliminares y limitados, pero ya avanzaban que el panorama no sería muy halagüeño.

Borrascas y algo más. Aunque la meteorología ha jugado un papel fundamental no es lo único que ha afectado a los mariscadores y pescadores gallegos. Sobre todo si ampliamos el foco, más allá de la almeja o el berberecho. La marea roja paralizó las bateas de mejillones durante semanas y las capturas de pulpo tampoco pasan por su mejor momento, lo que llevó a la Xunta a activar una veda que no evitó que el arranque de la campaña decepcionara a los pescadores.

A ese complicado 'Vía Crucis' se le suma la competencia de la mercancía llegada de otras latitudes y cambios culturales que han afectado directamente al consumo de pescado en los hogares. También la amenaza del cambio climático o el impacto que tiene el  sector en el ecosistema de las rías. Ante ese panorama la Xunta ha buscado formas de apoyar a los profesionales y recuperar bancos marisqueros.

Imágenes | Juantiagues (Flickr) y Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz (Flickr)

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