Han encontrado en una cueva de Asturias un hombre que murió hace 8.000 años. Está tan bien conservado que ya saben qué comía
¿Qué estábamos haciendo los españoles hace 8.000 años? Yo no recuerdo ni lo que comí ayer. Sin embargo, sí sabemos lo que comía un hombre de unos 45 años que vivió en la costa de Llanes hace unos 8.000 años, muchos siglos antes de que llegaran a la región la agricultura y el ganado. O, al menos, una parte. En este rincón gallego, una cueva ha servido de máquina del tiempo: el estado de conservación excepcional de su cráneo y otros huesos indica que cerca del 55% de las proteínas que consumía venían del mar. La cueva se llama Sohornu, está en Andrín y el Museo Arqueológico de Asturias acaba de presentar el hallazgo.
Dos espeleólogos y una mandíbula. Todo empezó en 2024, cuando los espeleólogos Pablo Solares y Clara Zazo encontraron una mandíbula humana junto a un conchero asturiano. Hicieron lo primero que hay que hacer: avisaron a Patrimonio.
Siguió una excavación de urgencia dirigida por Pablo Arias, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria, y Alberto Martínez Villa, que terminó en el verano de 2025. Aparecieron restos de al menos dos varones adultos, una asta de ciervo y una ocupación de la cueva que va de hace 12.000 a hace 4.300 años. Los análisis estarán al final del año, por cierto.
Marisqueros del Mesolítico. Los restos son de la cultura asturiense, definida en 1923 por el conde de la Vega del Sella a partir de los concheros, esos montones de conchas que se apilan en cuevas de la costa. Abarca aproximadamente de 10.700 a 6.800 años, según la bibliografía reciente. Sus gentes comían moluscos, erizos y crustáceos, y cazaban ciervos, corzos y jabalíes. En el mismo pueblo, Andrín, está El Mazo, otro conchero asturiano muy estudiado por la Universidad de Cantabria.
Cómo sabemos lo que comía. Los huesos conservan la huella química de la dieta. En el colágeno se miden isótopos de carbono, que distinguen las proteínas de origen marino de las terrestres, y de nitrógeno, que indican en qué punto de la cadena trófica se come. Pablo Arias calculaba que el resultado refleja los últimos cinco a diez años de vida. Tiene un límite: el colágeno retrata sobre todo proteínas y oculta grasas e hidratos, así que da un balance mar-tierra, pero no da pistas del menú completo, de los cereales (trigo, cebada, avena) o plantas C4 (caña de azúcar, maíz o sorgo) que consumiera.
La mitad del plato. En 2005, Arias publicó el primer gran estudio de isótopos en restos humanos del Cantábrico. Solo había procesado 15 muestras, ocho de ellas de la cueva de Los Canes (Cabrales). Los individuos de concheros costeros (La Poza l'Egua y Colomba, en Llanes, y J3, en Hondarribia) consumían aproximadamente mitad de proteínas marinas y mitad terrestres, con indicios de más pescado que marisco.
Los de Los Canes, a unas cinco horas a pie de la costa, apenas probaron el mar. Arias lo interpretó como posible territorialidad: unos grupos con acceso a la costa y otros sin él. Pero tras el 5000 a. C., según el mismo estudio, erradicaron del plato las cosas de mar: las muestras posteriores muestran una dieta casi enteramente terrestre, un cambio "radical" que acompañó a la llegada del Neolítico.
Un ochomil en duda. En suelos ácidos el hueso se disuelve, pero los concheros lo protegen. Arias explicó que las conchas redujeron la acidez del suelo de Sohornu y permitieron conservar parcialmente el esqueleto. Gracias a ello sabemos que aproximadamente el 55% de lo que se llevaba a la barriga eran pescados pequeños, lapas, mígaros, muchos mejillones y percebes y algunos erizos de mar.
Lo irónico es que comer mucho pescado complica la datación: el carbono-14 de ese colágeno parece más viejo de lo que es por el "efecto reservorio" del océano. Arias lo corrige con la curva de datación marina en otros individuos asturianos, por eso conviene esperar a las dataciones definitivas antes de dar por cerrado el 8.000. Sohornu seguirá estudiándose dentro del proyecto RitDomS, financiado por el Plan Estatal de I+D+i 2024-2027.
Imagen | Museo Arqueológico de Asturias (ampliada mediante reconstrucción)