"Hasta que cambien las cosas": El campamento por la vivienda en el corazón de Madrid cumple un mes

En pleno corazón de Madrid, se erige una "ciudad" rebelde, con tiendas de campaña, comedor, enfermería, espacios para asambleas... La acampada en la Puerta del Sol cumple su primer mes como símbolo de la lucha por la vivienda, tema clave de las elecciones de noviembre.

"Hemos conseguido bastantes cosas, hemos conseguido adelantar las elecciones" en España, se congratula Marcos Navarro, un madrileño de 22 años que duerme en Sol desde el 27 de septiembre, un día después de que los manifestantes ocuparan la emblemática plaza.

Navarro, técnico de control de calidad en laboratorios, se refiere a las elecciones generales adelantadas al 29 de noviembre por el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, luego de no lograr aprobar en el Congreso un paquete de medidas para facilitar el acceso a la vivienda.

El dirigente socialista respondió así a la ola de protestas generadas por el desalojo forzado de Maricarmen Abascal del apartamento en Madrid donde había vivido por siete décadas. La mujer de 87 años falleció poco después.

Maricarmen es recordada en un altar con velas y flores junto al mar de lonas verdes y azules que protegen de la lluvia y el sol a las hileras de tiendas, entre las que se abren "calles" bautizadas como "La Rabia" o "Abajo los Muros" y plazas dedicadas a la octogenaria o a Gaza, donde se celebran asambleas.

Es "una micrópolis distópica moderna", explica Sufian Ben, un antropólogo y bailarín de 32 años, mientras guía a la AFP para ver el comedor, la biblioteca, la ferretería -donde se ofrece material para reparar tiendas-, la enfermería...

"Van a matar" el comercio 

"Hay enfermeros, hay doctores, hay psicólogos, hay trabajadoras sociales, nos vamos turnando" en la enfermería, explica Orlando Santander, un técnico sanitario de 42 años que interrumpe la entrevista para suministrarle a un joven una pastilla para el dolor de cabeza.

"Principalmente ofrecemos primeros auxilios" para tratar "porrazos" de policías, señala Santander, mientras doctores por la zona "han habilitado sus consultas privadas" para ver a "personas con cáncer" que "no podemos tratar aquí".

El gobierno de Sánchez ha descartado desalojar el campamento, que irrita especialmente al alcalde de Madrid, el conservador José Luis Martínez-Almeida, y a la presidenta de la región capitalina, su correligionaria Isabel Díaz Ayuso.

"Van a matar todo el comercio del centro de Madrid. Pero no solo es eso, es la imagen de España ante el mundo", ha declarado Ayuso, que intentó sin éxito obtener judicialmente el desalojo de la plaza y clausuró durante horas por "insalubridad" la concurrida estación de metro ubicada bajo las tiendas.

También grupos de ultraderecha han intentado alcanzar la acampada, lo que ha sido impedido por la policía.

Algunos comerciantes comparten las críticas. Pedro Mora, propietario de una marroquinería cercana, asegura que su negocio ha perdido "un tercio" de la facturación por la protesta.

Otros negocios se solidarizan y permiten que los acampados usen su baño, incluso para bañarse, como es el caso de la librería feminista Mujeres.

"Pensé en la menstruación, gestionarla en un espacio como la acampada, y rápidamente hice un cartel a mano" ofreciendo baño, "o cargar los móviles, o espacio de almacenaje" o para "venir a descansar", asegura la dueña, Alba Varela.

"Esto es el principio"

El no tener baño es solo una de las incomodidades, confiesan varios manifestantes.

"Al principio es un poco complicado, porque no estás acostumbrado a dormir en el piso, pero luego ya te vas acostumbrando", admite Orlando Santander.

Pero para los activistas que protestan en Madrid, donde alquilar un apartamento de 50 metros cuadrados cuesta de media unos 1.170 euros mensuales, cerca de la mitad del salario bruto medio, merece la pena.

"Me parte el alma que por culpa de la especulación (...) haya tanta gente que con una regulación de los precios no estaría viviendo en la calle", dice Marcos Navarro.

En Sol, celebran que las protestas sociales se hayan extendido por varios países de Europa, algunas de ellas quizás motivadas por las de España.

"Sí que inspiramos un montón, desde luego a Europa, y yo creo que España es un país que siempre ha tenido bastante ánimo de luchar", estima Ayla Herrero, una antropóloga de 26 años que dice no poder independizarse por el alto costo de la vivienda.

Navarro advierte que se quedarán en Sol "hasta que nos echen o hasta que cambien las cosas de verdad (...) Esto es el principio. Vamos a seguir in crescendo, gobierne quien gobierne, nuestros derechos vamos a defenderlos siempre".