La línea roja de Putin: por qué un choque con la OTAN vuelve a poner sobre la mesa las armas nuclear

La posibilidad de una guerra nuclear, relegada durante años al imaginario de la Guerra Fría, ha vuelto de manera recurrente al discurso estratégico ruso. Vladímir Putin advirtió ahora que Moscú podría utilizar todo tipo de armas, incluidas las nucleares, si Kaliningrado, el territorio ruso enclavado entre países de la OTAN, fuera atacado, una declaración que vuelve a situar el arsenal atómico en el centro de la confrontación entre Rusia y Occidente.

La advertencia encuentra a Rusia y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en uno de los períodos de mayor confrontación desde el final de la Guerra Fría. Para entender cómo dos partes que llegaron a establecer mecanismos formales de cooperación terminaron enfrentadas por territorios, misiles y arsenales nucleares hay que remontarse al nacimiento de la Alianza en 1949, recorrer su expansión tras la desaparición de la Unión Soviética y seguir el progresivo deterioro de las relaciones durante los más de 25 años de Putin en el poder.

El nuevo episodio se produjo después de que Moscú enviara a la OTAN un documento en el que acusó a la organización de seguir un rumbo "peligroso" y planteó que Rusia podría recurrir a armas nucleares si la Alianza intentara aislar Kaliningrado. El territorio, situado entre Polonia y Lituania —ambos miembros de la OTAN—, alberga importantes instalaciones militares rusas y sistemas capaces de portar armas nucleares.

Putin reforzó el mensaje el 1 de octubre durante el Foro de Valdái. Según Reuters, afirmó que Rusia recurriría a los medios necesarios, incluidas armas nucleares, para defender Kaliningrado en caso de una agresión. Paralelamente aseguró que Moscú no tiene intención de atacar a Europa y presentó su posición como una advertencia destinada a evitar una escalada.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, respondió que la organización es una alianza defensiva y pidió a Rusia abandonar las amenazas nucleares. También sostuvo que no existe una amenaza inmediata contra territorio aliado y señaló que la OTAN mantiene sin cambios su evaluación general del peligro procedente de Rusia.

Una alianza nacida en 1949

La OTAN fue creada el 4 de abril de 1949 mediante la firma del Tratado de Washington. Surgió en los primeros años de la Guerra Fría como una alianza política y militar de defensa colectiva frente al creciente enfrentamiento entre las potencias occidentales y la Unión Soviética.

Doce países fueron sus fundadores: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Islandia y Portugal.

La piedra angular de la organización es el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte: establece que un ataque armado contra uno o varios miembros en Europa o América del Norte será considerado un ataque contra todos. Cada aliado deberá ayudar al país atacado adoptando las medidas que considere necesarias, incluido el uso de la fuerza armada.

La organización se amplió progresivamente y actualmente reúne a 32 países: Albania, Alemania, Bélgica, Bulgaria, Canadá, Croacia, Chequia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estados Unidos, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Macedonia del Norte, Montenegro, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Rumanía, Suecia y Turquía.

Las dos incorporaciones más recientes fueron Finlandia, en abril de 2023, y Suecia, en marzo de 2024. Ambos países solicitaron entrar después de la invasión rusa a gran escala de Ucrania iniciada en febrero de 2022, abandonando políticas históricas de no alineamiento militar.

Rusia y la OTAN llegaron a ser socios

La confrontación actual contrasta con lo ocurrido después de la desaparición de la Unión Soviética. Rusia participó desde 1991 en el Consejo de Cooperación del Atlántico Norte y se incorporó en 1994 a la Asociación para la Paz. Incluso desplegó fuerzas junto a contingentes de la OTAN en operaciones de paz en los Balcanes.

En mayo de 1997 se firmó el Acta Fundacional OTAN-Rusia, concebida como base de una nueva relación de cooperación. Cinco años después, en 2002, se creó el Consejo OTAN-Rusia, un foro en el que Moscú y los miembros de la Alianza podían reunirse en condiciones de igualdad para abordar asuntos de seguridad común.

Pero las diferencias ya eran importantes. La intervención de la OTAN en Yugoslavia en 1999 provocó una crisis con Moscú y la ampliación de la Alianza hacia Europa central y oriental se convirtió progresivamente en uno de los principales puntos de confrontación.

Polonia, Hungría y República Checa —actual Chequia— ingresaron en 1999. En 2004 lo hicieron Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia. Para Rusia resultó especialmente sensible la entrada de las tres repúblicas bálticas, que habían formado parte de la Unión Soviética.

Moscú considera desde hace años que la expansión de la OTAN hacia sus fronteras perjudica su seguridad. La Alianza rechaza esa interpretación y sostiene que los países europeos tienen derecho a decidir sus propios acuerdos de seguridad y que las adhesiones requieren el consenso de todos sus miembros.

De Georgia a Crimea

Las relaciones entraron en otra fase en 2008. En la cumbre de Bucarest, los aliados declararon que Georgia y Ucrania llegarían a ser miembros de la OTAN, aunque no establecieron una fecha. Meses después, Rusia y Georgia libraron una breve guerra.

El punto de ruptura llegó en 2014. Rusia se anexionó Crimea tras la caída del Gobierno ucraniano de Víktor Yanukóvich y comenzó el conflicto en el este de Ucrania con separatistas respaldados por Moscú. La OTAN suspendió entonces la cooperación práctica con Rusia, aunque mantuvo canales de comunicación política. La Alianza considera ilegal la anexión de Crimea; Moscú sostiene que la incorporación se produjo después de un referéndum, cuya legitimidad fue ampliamente rechazada internacionalmente.

A finales de 2021, Rusia presentó exigencias de seguridad a Estados Unidos y la OTAN que incluían impedir la incorporación de Ucrania a la organización y limitar determinados despliegues militares occidentales. Los aliados rechazaron conceder a Moscú capacidad de veto sobre las decisiones de adhesión.

El 24 de febrero de 2022, Putin lanzó la invasión a gran escala de Ucrania. La guerra transformó definitivamente las relaciones entre las dos partes y terminó impulsando precisamente otra ampliación de la OTAN: Finlandia y Suecia decidieron solicitar su ingreso.

Putin ya había recurrido a la amenaza nuclear

La referencia actual a Kaliningrado no es el primer episodio en que Putin introduce las armas nucleares en la confrontación con Occidente.

Al anunciar la invasión de Ucrania en febrero de 2022, el presidente ruso advirtió a los países que intentaran intervenir que sufrirían consecuencias nunca experimentadas en su historia. Días después ordenó elevar el estado de preparación de las fuerzas rusas de disuasión.

Desde entonces, las referencias nucleares se han repetido. En 2023, Rusia anunció el despliegue de armas nucleares tácticas en Bielorrusia, país aliado de Moscú situado junto a Ucrania y varios miembros de la OTAN.

Un cambio particularmente importante ocurrió en noviembre de 2024, cuando Putin aprobó una revisión de la doctrina nuclear rusa que amplió las circunstancias en las que Moscú contempla el posible empleo de esas armas. Entre otros elementos, Rusia estableció que una agresión procedente de un Estado no nuclear pero realizada con participación o apoyo de una potencia nuclear podría considerarse un ataque conjunto.

Por qué Kaliningrado es diferente

Kaliningrado convierte el enfrentamiento en especialmente sensible por su ubicación. Es territorio ruso, pero está separado geográficamente del resto del país y situado entre Polonia y Lituania. Desde el ingreso de Finlandia y Suecia, prácticamente todos los países de la región báltica —con excepción de Rusia— pertenecen a la OTAN.

La región alberga la sede de la Flota rusa del Báltico y sistemas militares estratégicos. Reuters señala que su posición proporciona a Moscú capacidad para proyectar poder militar hacia Europa, pero al mismo tiempo constituye una vulnerabilidad logística en caso de una guerra.

Muy cerca se encuentra además el denominado corredor de Suwalki, la estrecha franja terrestre situada entre Polonia y Lituania que conecta por tierra a los países bálticos con el resto del territorio de la OTAN.

Rusia ha interpretado ejercicios militares aliados y operaciones de seguridad en el Báltico como señales de que Occidente podría intentar neutralizar o bloquear Kaliningrado durante un conflicto. La OTAN rechaza que esté preparando una agresión y sostiene que sus operaciones tienen carácter defensivo.

La advertencia de Putin tampoco equivale a un anuncio de que Rusia vaya a utilizar armas nucleares. Está formulada de manera condicional ante un eventual ataque contra territorio ruso. Pero introduce explícitamente el componente atómico en un escenario que involucraría directamente a países protegidos por el artículo 5 de la OTAN.

Ese es el elemento que eleva el riesgo: una crisis en Kaliningrado ya no enfrentaría a Rusia con un país situado fuera de la Alianza, como Ucrania, sino potencialmente con una organización de 32 Estados que incluye tres potencias nucleares —Estados Unidos, Reino Unido y Francia— y cuyo principio fundacional establece que un ataque contra uno de sus miembros es un ataque contra todos.