Muere la mujer de la NASA que cambió para siempre lo que significaba ser programador
Ha muerto a los 90 años Margaret Hamilton, la mujer de la famosa foto de la montaña de folios. Dicha imagen, que ya es todo un icono, es un claro ejemplo de lo que Hamilton supuso para la carrera espacial estadounidense, pero también mundial. Cuando la NASA contrató al MIT en 1961 para desarrollar el sistema de guiado de sus naves, ella era una joven matemática, apenas recién salida de la carrera, que había destacado en el desarrollo de un software de predicción meteorológica cuando la ingeniería de software era apenas una profesión en pañales. Unos años más tarde, ya estaba al mando del equipo encargado de desarrollar el sistema de navegación de las misiones Apolo. Lo que vino después es historia de la ciencia.
Tarjetas perforadas. En aquella época, programar no consistía en escribir código en un ordenador, sino en perforar lotes de tarjetas que se procesaban por la noche en un ordenador gigante. Siguiendo este mecanismo, Hamilton y su equipo desarrollaron el sistema que se encargaría de la navegación y guía para el alunizaje. Un alunizaje que, recordemos, también fue posible gracias al cálculo de trayectorias en el que participaron otras mujeres científicas como Katherine Johnson.
Salvados por la informática. El ordenador del Apolo 11 tenía muy poca memoria, solo 36.864 palabras de memoria fija y 2.048 de memoria borrable, que es la que se usa para trabajar. Esto se organizaba en un sistema operativo a tiempo real, de modo que las tareas se iban programando directamente mientras la nave volaba. Cada tarea necesitaba su propio espacio de trabajo, llamado “core set”, que ocupaba 12 posiciones de memoria. Había solo 7 core sets disponibles. Si se acumulaban las tareas y todos estaban llenos, saltaba una alarma. Justamente eso ocurrió en el peor momento: el descenso para el alunizaje.
Un problema en el radar de encuentro generaba tareas inexistentes, que ocupaban espacio innecesario en la memoria. Por eso, los espacios de trabajo se llenaron y saltó la alarma. Por suerte, se había previsto que esto pudiera pasar y se había preparado el software para ello. El ordenador se reinició y volvió a arrancar solo los programas seleccionados cerca del punto donde estaban. Así, el uso de memoria se concentró en el motor de descenso y la pantalla de la tripulación. Gracias a eso, no fue necesario abortar la misión.
Lo que vino después. El éxito de Hamilton con el Apolo 11 fue tan grande que la NASA quiso contar con su software para las misiones posteriores del programa. Trabajó en el software de todas las misiones Apolo tripuladas y también en el programa Skylab y el transbordador espacial.
La famosa foto. Esa imagen de la montaña de folios se tomó en el MIT, como parte de una serie de fotografías dirigidas a promocionar la participación de dicha institución en el programa Apolo. Ya hemos visto que lo que programaba Hamilton era una serie de tarjetas perforadas. Estas se introducían en el ordenador, que las traducía en un código imprimible. Dicho código es el que aparece en las montañas de folios. Concretamente, se incluyen dos listados con código del software del Apolo 11, uno para el módulo de mando y otro para el módulo lunar. El resto de folios contenía código de misiones futuras en ese momento, como el Apolo 12 y el Apolo 13.
NASA
Una montaña de papeles tan alta como ella que sirve como prueba gráfica de todo el trabajo que había detrás de los ordenadores de navegación que llevaron a los humanos por primera vez a la Luna. Y es que fue un hombre el que dio aquel pequeño paso tan grande para la humanidad. Pero detrás de ese paso había muchísimos hombres y mujeres que trabajaron muy duro para que todo saliera bien. Sin Margaret Hamilton, la historia podría ser otra muy distinta.
Imagen | Adam Cuerden