OpenAI encontró un micrófono envuelto en papel higiénico, ahora afronta un caso de espionaje que apunta a Arabia Saudí
OpenAI lleva unos meses movidos en lo que a cuestiones de seguridad y privacidad se refiere. Este año se han encontrado algunos modelos de la startup de IA husmeando donde no debían, pero quizá el caso más sonado era el de ese que se coló en sistemas del Gobierno de Australia. Ahora, sin embargo, les ha tocado a ellos ser la víctima de un caso que lleva un detenido, que ha levantado sospechas de espionaje internacional y en el que, para variar, el 'arma' no ha sido una IA.
Ha sido un micrófono.
Qué ha pasado. Todo se destapó este pasado 13 de octubre cuando el Departamento de Justicia de EEUU hizo público que un hombre llamado Abdulrahman Alfozan, ingeniero saudí de 35 años y trabajador de OpenAI desde julio de 2025 en el equipo de producto, había sido detenido unos días antes. Esto no pilló por sorpresa a la compañía, ya que en un barrido de seguridad unos días antes había encontrado un dispositivo de grabación en el puerto USB de un televisor ubicado en una sala de reuniones ejecutivas.
Sospechando de Alfozan, que no tenía autorización para entrar a esa sala, fueron limitando sus accesos a sistemas y habitaciones poco a poco, hasta suspenderlo totalmente antes de la detención. Y si sospechaban de él es porque las cámaras alrededor de la sala lo identificaron varias veces a lo largo de septiembre rondando la puerta y mirando a través del cristal la parte trasera del televisor en el que se instaló el dispositivo. En la foto de Reuters se ve claramente.
Foto: Departamento de Justicia
También ayudó que un miembro del equipo de seguridad encontrara una bolsa personal que el propio Alfozan había dejado en otra en la que había un segundo dispositivo. No era 007, vaya.
El micro. Aunque el micrófono estaba envuelto en papel higiénico, el dispositivo no era de andar por casa. La parte principal es una placa (Seeed Studio XIAO ESP32-S3 Sense) que cuesta unos 13 euros y que se utiliza para construir prototipos. Tiene un procesador de doble núcleo, Wi-Fi, Bluetooth de bajo consumo, 8 MB de RAM y otros 8 MB de almacenamiento, así como una ranura para una microSD. No parece mucho, pero la placa ya lleva un micro integrado y se le puede instalar un sensor de cámara.
Sin embargo, por simple que sea, no está nada mal para realizar una grabación oculta. Un experto en ciberseguridad contó a Bloomberg que, aunque es un equipo para aficionados, es fácil de esconder debido a que, para detectarlo, hace falta un equipo que vigile el espectro radioeléctrico cercano. Si el Wi-Fi está desactivado, la única forma de dar con ella es mediante un registro físico.
Además, según OpenAI, Alfozan lo había manipulado para evitar la detección. Usaba un sistema avanzado de cifrado y podía transferir datos de audio sin dejar rastro. Además, OpenAI afirma que el empleado planeaba colocar más de estos en otras zonas sensibles, no dejando a un lado la oportunidad para comentar que ha puesto sus modelos más avanzados a trabajar para ayudar a que los investigadores del FBI esclarezcan el caso. Y si te estás preguntando qué hace el FBI investigando esto es porque... el caso ha escalado.
El micro | Foto: Departamento de Justicia
Vínculos con Arabia Saudí. Según el Departamento de Justicia, entre el 24 y el 30 de septiembre, una cuenta en un chatbot asociada a la pareja de Alfozan realizó preguntas sobre cómo montar y cifrar un aparato de grabación continua. La mujer no ha sido acusada porque todo apunta a que fue Alfozan el que hizo esa búsqueda debido a que también usó herramientas internas para preguntar por direcciones en el edificio de OpenAI.
Y aquí es donde la cosa se complica porque resulta que Alfozan, su esposa y otro familiar tenían billetes sólo de ida a Arabia Saudí para el 12 de octubre. Esto se usó por parte de la Fiscalía para emitir la denuncia y la captura por riesgo de fuga... y diferentes investigaciones de la prensa no han tardado en vincular a Alfozan con algo más, llegando hasta Mohamed bin Salmán, príncipe heredero saudí.
Redes. Según CNBC y The New York Times, en 2016 Alfozan y otros saudíes que trabajaban en Silicon Valley se reunieron con bin Salmán y éste les comentó que siguieran formándose en Estados Unidos antes de volver a casa. En Financial Times cuentan que este pasado septiembre, un grupo de influencers tecnológicos saudíes visitaron San Francisco y fue Alfozan quien los recibió e hizo un tour por las oficinas de OpenAI.
Además, en NYT apuntan que Alfozan había dicho en un podcast árabe hace unas semanas que se encargaban de asesorar a organizaciones saudíes en materia tecnológica, entre las que están la agencia de seguros sociales del reino.
Reacción. Dicho esto, aquí hay dos partes. Por un lado, la de la defensa, que incide en que destacar tanto la nacionalidad de Alfozan recuerda más a la Estados Unidos de hace un par de décadas. Por otro, la reacción política, que se ha limitado a recordar que ya se habían detenido a ciudadanos saudíes que trabajaban en grandes tecnológicas estadounidenses antes (el caso de Ahmad Abouammo en Twitter) y ha aprovechado para recordar que la IA es una cuestión de seguridad nacional.
Bueno, IA ya no, sino 'superinteligencia', como Trump y todos los CEOs de las tecnológicas han pasado a llamar a esta tecnología. Kash Patel, director del FBI, comentó que la innovación tecnológica de EEUU es fundamental para su fortaleza económica, y el director de Inteligencia de Estados Unidos apuntó básicamente lo mismo.
Incógnita. Veremos cómo se desarrolla el caso, ya que hay una primera vista para el 19 de octubre en la que habrá que ver qué aporta la defensa y qué cargos añade la Fiscalía.
Hasta el momento, ningún documento público ha conectado el micrófono con una instrucción, pago o contacto del Gobierno Saudí, y tampoco se sabe si hay motivos personales, empresariales o estatales. De momento, parece que se enfrenta a cinco años de prisión y una multa de 250.000 dólares.
Imágenes | Reuters, Departamento de Justicia, Jernej Furman