Sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y 82 años después sigue rodando por Euskadi: "Es como conducir un pedazo de historia"

En los montes de Markina-Xemein, en Bizkaia, es posible cruzarse con un camión verde oliva con una estrella blanca en el costado y aspecto de haber visto cosas. Es un GMC CCKW 353, apodado “Jimmy”, y su dueño es Abel Ibarluzea, según contó a Orain, el medio de EITB (la Radio Televisión Pública Vasca). Motorpasión lo documentó pero es que todavía hay más peso en ese chasis. 

¿Cómo que Markina-Xemein? Antes de nada, me costaría hacer como si nada e ignorar ese nombre, Markina-Xemein, que suena a pareja famosa. Y casi lo es: el 29 de septiembre de 1952 se fusionaron la villa de Marquina y la anteiglesia de Jeméin. Nació así el municipio de Markina-Xemein, en Bizkaia. En 1969 se sumó un tercero, Ziortza-Bolibar (pero se marchó en 2005. Durante treinta y seis años fueron un trío). "Markina" tiene dos teorías: la primera dice que viene de "marca": en la Edad Media, el nombre designaba la comarca fronteriza entre Bizkaia y Gipuzkoa, donde vizcaínos y guipuzcoanos solían pegarse. 

Lo de Xemein también tiene historia: la etimología más extendida lo remite al nombre medieval Xemeno, hoy Jimeno. Es decir, de Xemeno vamos a Xemen, luego Xemein y finalmente Jeméin. La X se pronuncia como la "sh" inglesa, herencia de la vieja ortografía castellana que el euskera conservó (Xerez, para más señas). En cualquier caso, hoy tiene poco más de 5.000 habitantes, cuenta con 45 km² en la comarca de Lea-Artibai y por ella pasa el camino de Santiago del norte. 

Quién es Jimmy. Entre 1941 y 1945, General Motors fabricó unas 562.750 unidades de este camión de 2,5 toneladas y tracción 6x6, de más de 800.000 que salieron de todas las marcas. El "353" indica la versión de batalla larga. Lleva un motor de seis cilindros y 4,4 litros con en torno a 104 CV y una velocidad máxima de unos 72 km/h.

En 1944, ese motor movía munición y combustible. Ahora mueve troncos: Abel lo usa para transportar madera y hacer faenas del caserío. Un veterano del ejército más poderoso del mundo ha acabado de leñador. Hay jubilaciones peores.

La parte de Normandía. Aquí conviene pegar un frenazo. Está documentado que el CCKW fue la columna vertebral del Red Ball Express, el convoy que abastecía a los ejércitos aliados tras el desembarco, con unos 900 camiones circulando a la vez. Que hubo Jimmys en Normandía no es noticia porque eran más de medio millón. Pero que este lo estuviera es otra cosa, y los titulares de lo dan por hecho. Para saberlo necesitaríamos tener a mano la chapa de características, número de bastidor, historial de propietarios, y con tantos camiones idénticos, sin papeles, “el que desembarcó” es solo una frase.

Mantenerlo después de 80 años. Eso sí, tal y como cuenta el propio Abel, mantener a Jimmy no es barato ni fácil: encontrar piezas, hacer reparaciones y conservarlo en buen estado exige una dedicación constante. Aun así, como dice, “es como conducir un pedazo de historia”. En este municipio conocido por su frontón, llamado la “universidad de la pelota”, también se salvaguardan unos cuantos búnkeres de 1936 que aparecieron al talar pinos. Es decir, Jimmy no es la primera antigualla bélica que pasa por allí.

La gran pregunta es, ¿cómo acaba un camión del ejército de EEUU en un caserío vasco? Orain dice que hubo una época en que era frecuente ver estos vehículos por Euskal Herria y que el de Abel es de los pocos que quedan. Según un libro neerlandés sobre el Jimmy, en los Países Bajos la mayoría acabó como volquetes y siguió circulando mucho tiempo en las obras del Plan Delta. Y el propio Ejército de EEUU los mantuvo en servicio hasta mediados de los sesenta.

Siglas y un siglo de historia. Dicen que el GMC CCKW, es el camión que ayudó a ganar la guerra. Pero, ¿de dónde viene su nombre? El nombre es un código: C de 1941, C de cabina convencional, K de tracción total y W de doble eje trasero, según la propia nomenclatura de GMC. Un camión con nombre de contraseña wifi. Los soldados lo apodaron Jimmy por analogía con el Jeep, al parecer. 

En 1943, la fábrica sacaba uno cada cuatro minutos, con turnos continuos y plantillas formadas sobre todo por mujeres. La cabina de lona no fue un capricho: era más barata y facilitaba el transporte aéreo. Se atribuye a Eisenhower una frase según la cual la guerra la ganaron las fortalezas volantes, el Sherman y el GMC. Desde luego, cuando arrancó el 25 de agosto de 1944 y llegó a operar 5.958 vehículos, moviendo unas 12.500 toneladas diarias. Los conductores iban por parejas en un viaje de ida y vuelta de 54 horas entre Cherburgo y Chartres. La mayoría eran soldados afroamericanos. El sistema se apagó cuando se abrió el puerto de Amberes.

Con los Pactos de Madrid, firmados el 23 de septiembre de 1953 con la España de Franco, llegó la "ayuda americana" y, entre ese material, se aparcaron cerca de 1.000 GMC, que en el Ejército español se conocían popularmente como GeMeCe. Los bichos siguieron viviendo más allá, no te creas: Portugal los desplegó en la guerra de Ultramar y los camiones rojos y amarillos del circo Pinder no eran otra cosa que GMC reciclados.

Imagen | Original de Orain Noticias

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