Un crucero de lujo ofreció a sus pasajeros dar la vuelta al mundo. Se han quedado varados en Camboya por el precio del combustible
“Imagina despertar cada día ante un nuevo horizonte”. Así, con una frase sugerente, potente, sexy, anunciaba en 2024 la compañía Villa Vie Residences uno de sus servicios más ambiciosos: un crucero ‘infinito’ que permitiría a sus pasajeros circunnavegar el mundo durante años, recorriendo puertos a bordo de un buque de lujo. Sonaba tan bien que hubo quien vendió su casa para pagar uno de los camarotes del barco, disponibles tanto en alquiler (desde 3.500 dólares al mes) como en venta, a precios que partían de 120.000.
Ese sueño aventurero-turístico arrancó hace dos años en Belfast y durante un tiempo pareció avanzar viento en popa. El problema es que la operadora no contaba con la guerra de Irán y su tremendo impacto en el coste del combustible.
¿Qué ha pasado? Que los pasajeros del Villa Vie Odyssey, el crucero residencial operado por la compañía Villa Vie Residences, han visto cómo su sueño de circunnavegar el mundo se ha convertido en una pesadilla de final incierto.
Asfixiada por el encarecimiento del petróleo y los costes diarios del buque, la naviera, con sede en EEUU, ha decidido parar la singladura y desembarcar a los pasajeros en Camboya. Allí se han quedado varadas alrededor de 200 personas que habían pagado por una experiencia bien distinta: convertir un crucero de lujo en su hogar, recorrer más de 150 países y despertar cada día ante “un horizonte diferente”.
Y eso… ¿Por qué? Para entenderlo hay que recordar la propuesta de Villa Vie Residences. Hace unos años la compañía se propuso alcanzar un hito “sin precedentes”, en palabras de su director ejecutivo, Mikael Petterson: lanzar “la primera línea de residential cruise asequible”. La idea era muy simple: convertir los cruceros en un estilo de “vida” permanente, no una forma más de pasar las vacaciones.
Para lograrlo, la compañía se hizo con un barco de 196 m de eslora y capacidad para 650 personas, lo acondicionó y comercializó sus camarotes. La propuesta que más eco alcanzó en los medios consistía en un ambicioso tour de tres años y medio, casi 1.300 días durante los que los pasajeros recorrerían 147 países y más de 425 destinos distintos. Sin embargo, la empresa permitía también adquirir en propiedad los camarotes y convertirlos en un hogar permanente.
¿Y cuál es el problema? La rentabilidad. La propuesta de Villa Vie Residences fue lo suficientemente atractiva como para captar el interés de compradores que soñaban con circunnavegar el mundo o pasar su jubilación en el mar. Y es lógico. El barco dispone de piscina, gimnasio, comedores, actividades… Incluso excursiones o espacios de coworking.
Podías alquilar una suite desde 3.500 dólares al mes. O si querías ir un paso más allá y comprar un camarote, estaban a tu alcance por tarifas que iban de 120.000 a 400.000. Hace poco una mujer reconocía haber vendido su casa y coche para afrontar el pago. No se sabe hasta qué punto la compañía estudió la rentabilidad del negocio, pero algo sí está claro: no contaba con un imprevisto como el que supuso el estallido de la guerra de Irán, que ha arruinado sus cálculos.
¿Tanto le ha afectado? Eso parece. La empresa habla de un aumento “drástico” de los costes de combustible que complica su operativa. Para ser más preciso, asegura que hasta ahora el gasto mensual rondaba los 1.800 dólares por camarote. Ahora hay regiones de Asia donde esa factura se ha disparado hasta rondar los 6.000 o incluso 8.000 dólares. Para intentar paliar el impacto de esa enorme subida, Villa Vie ha tomado varias decisiones en los últimos meses, pero sin éxito.
“Desde que comenzó el conflicto, a finales de febrero, hemos tomado medidas importantes para reducir el consumo de combustible, incluyendo la disminución de la velocidad o el aumento de la estancia en los puertos. No ha sido suficiente para compensar el extraordinario aumento de los costes y no hemos podido seguir asumiendo las pérdidas operativas resultantes”, explica la firma, que se ha dado un plazo de 60 días para buscar una solución financiera. Eso sí, advierte: “No hay garantías de un resultado definitivo”.
¿Y los pasajeros? Han tenido que abandonar el barco. Lo explica Randy Cassingham, uno de los residentes del Odyssey, quien cuenta en su blog que se enteró del fin del viaje el lunes por la mañana, cuando un trabajador del crucero colgó una nota en el tablón de anuncios. La agencia Reuters aclara que los pasajeros (203, más 156 tripulantes) han desembarcado en Sihanoukville, Camboya, donde cada uno ha tenido que decidir su paso siguiente. Esperar. Volverse a casa. O buscar otra forma de seguir con su travesía. La misma agencia señala que el barco abandonará Camboya el sábado tras repostar.
Lo cierto es que no es el primer imprevisto con el que les toca lidiar a los pasajeros del Villa Vie Odyssey. En 2024, al inicio de su viaje, se quedaron varios meses bloqueados en Belfast, en otro episodio que atrajo la atención de medios de todo el mundo. En total su viaje ha durado 756 días. Queda la incógnita de si este es el final de la aventura o la operadora encontrará la forma de retomarlo.
Imágenes | Villa Vie Residences