Una tumba etrusca con eco de catedral: la muerte hace 2.500 años era una experiencia inmersiva

La escena parece sacada de una película de Indiana Jones o de un Unchartred, pero es real: imagina bajar por un corredor de unos 13 metros bajo tierra alumbrada solo por una vela, con olor a incienso y un ruido que no sabes de dónde viene. Al fondo, hay un banquete pintado a tamaño natural y a un costado, un demonio azul que parece a punto de entrar en la estancia. Qué yuyu. Pues bien, eso es lo que describe un equipo que ha estudiado la Tomba dei Demoni Azzurri en Tarquinia (Italia): más que un mero enterramiento, es una experiencia sensorial que impone. 

Una imponente experiencia sensorial. Maurizio Forte y Jacqueline Ortoleva de la Universidad de Oxford se hicieron una pregunta: ¿qué se veía, se oía y se sentía al entrar a las tumbas etruscas que hay en las más de 6.000 tumbas que hay en la zona central de Italia? Y empezaron descubriéndolo con dos: la del Demonio Azul y la tumba del Gallo. 

Ambas ofrecen experiencias diametralmente opuestas: la Tomba del Gallo es pequeña y guía la mirada de quien allí está de forma ordenada, paso a paso. Por el contrario, la Tomba dei Demoni Azzurri es grande y reverberante, de modo que la sensación que origina es de desorientación y máxima atención hacia el demonio.

Cómo lo hicieron. Para llegar a esas conclusiones emplearon mediciones acústicas de palmadas siguiendo la ISO 3382 e inteligencia artificial. A partir de ahí, estimaron qué partes llamaban más la atención y cómo se movería una persona por ese espacio. 

En la tumba del Gallo el eco dura entre 1 y 1,5 segundos en la mayoría de frecuencias, mientras que en la de los Demonios llega hasta 7,5 segundos en sonidos graves. Con la ayuda de la IA propusieron que, en esta última, el visitante pasaba de la calma al susto ante el demonio y después a un estado como de trance en el fondo.

Por qué importa. Cabe recordar que todas las tumbas pintadas de los etruscos fueron saqueados, de modo que según los autores del estudio, lo que creemos saber de sus rituales procede de la iconografía y de objetos sueltos. Este nuevo enfoque que tiene en cuenta las condiciones físicas del espacio (como el eco, la oscuridad o la estrechez), permite estudiar cómo se vivían estas ceremonias más allá de las pinturas. El paper sugiere que cada tumba se diseñó de forma distinta, a medida.

Para los etruscos el sonido era importantísimo. Un dato relevante para entender mejor el por qué es que la civilización etrusca daba mucha importancia al sonido. Así, había un calendario ligado a los truenos, el calendario brontoscópico, que usaban para tratar de predecir el futuro. Además, la música es el segundo motivo más frecuente en las pinturas funerarias. De hecho, ya en 2021 Ortoleva publicó que en la Tomba dell'Orco los sonidos graves, como tambores o cantos, generan reverberaciones largas que podían asociarse al retumbar del trueno.

Las conclusiones son solo una hipótesis sólida y bien documentada de lo que sentiría alguien al entrar en esas dos tumbas, pero ni han hecho mediciones a las ondas cerebrales ni han hecho pruebas en más tumbas para demostrar que efectivamente, quienes las construyeron buscaban ese efecto deliberadamente. Además y como los autores explican, las palmadas empleadas pueden ser poco fiables en sonidos muy graves (por debajo de 250–300 Hz).


Portada | Maurizio Forte & Jacqueline K. Ortoleva

Sailko