15 grados de desigualdad, la brecha térmica que separa al lujo de las favelas brasileñas

En 2020, vecinos de Morumbi, uno de los barrios más ricos de São Paulo, pidieron a la Alcaldía erigir un muro de tres metros de altura para aislar un parque público que se estaba construyendo en el límite con Paraisópolis, la segunda favela más grande de la ciudad.

La pared de concreto finalmente fue rechazada, pero imágenes de satélite revelan que entre ambos barrios ya existe un muro invisible, pero sofocante: una frontera de 15 grados de temperatura.

Mientras en las calles arboladas de Morumbi la temperatura de una tarde de verano ronda los 30 °C, basta con cruzar una avenida para ingresar a esta favela, con más de 58,000 habitantes, y descubrir que la superficie puede alcanzar hasta 45 °C.

Esta disparidad no es casual. Una investigación del Centro de Estudios de la Favela (Cefavela) evidencia que en las 1,359 favelas paulistas, donde viven 1.72 millones de personas en solo el 4 % del territorio urbano, la temperatura media de superficie supera habitualmente los 40 °C.

Victor Nascimento, uno de los investigadores de este estudio, explica a EFE que las viviendas hacinadas de hormigón, los techos de fibrocemento o metal y la falta de ventanas para la ventilación cruzada convierten las casas en "hornos".