Pesca en ruinas y turismo en caída por la contaminación del agua en la presa de Hatillo
Durante años, la presa de Hatillo fue sinónimo de sustento y movimiento económico para cientos de familias en comunidades como Quitasueño, Las Cruces, Los Corozos, Hernando Alonso, El Plátano, entre otras pertenecientes a la provincia Sánchez Ramírez.
Los fines de semana la zona se llenaba de visitantes, las pescaderías agotaban su mercancía y decenas de yolas salían al amanecer en busca de tilapias y carpas.
Hoy, en cambio, la escena es distinta con agua verdosa, malos olores, negocios cerrados y pescadores que han tenido que abandonar el oficio que aprendieron desde niños.
Según estiman, cientos de familias residentes en el entorno del embalse han tenido que dedicarse a otros trabajos o emigrar temporalmente en busca del sustento de sus familiares.
"Cientos de familias se mantenían de aquí -de la presa-. Ahora no hay nada. Tenemos que buscarnosla trabajando construcción y en los conucos para poder comer", lamentó José Alberto Peralta, conocido como "Papo Dingo", quien dice tener más de tres décadas como pescador.