Binance sufrió el mayor robo de criptomonedas de la historia, pero el verdadero examen llegó después: la confianza
No hace falta operar con criptomonedas para haber oído hablar de Binance. Su nombre se ha convertido en una de las grandes referencias de un mercado que ha crecido hasta atraer a millones de personas en todo el mundo. Hablamos del mayor exchange de criptomonedas del planeta, una plataforma en la que sus usuarios pueden comprar, vender y mantener activos digitales. Pero detrás de esas operaciones hay algo que no aparece en las cotizaciones y que resulta igual de importante: la confianza que depositamos en una empresa cuando decidimos dejar nuestro dinero bajo su custodia.
El 29 de octubre, esa confianza se enfrentó a una prueba difícil de ignorar. Binance sufrió un ataque informático en el que los delincuentes consiguieron sustraer criptomonedas valoradas en unos 6.300 millones de dólares, en lo que se considera el mayor robo conocido de activos digitales. La plataforma mantuvo suspendidas las retiradas durante aproximadamente dos días y el FBI atribuyó posteriormente la operación al grupo TraderTraitor, vinculado a Corea del Norte. La magnitud del ataque ya era extraordinaria, pero había otra cuestión igualmente importante: qué sucedería cuando los clientes recuperasen la posibilidad de disponer de sus fondos.
Cuando Binance comenzó a reactivar las retiradas el domingo 1 de noviembre, sus clientes empezaron a mover cantidades extraordinarias de dinero. Según The Wall Street Journal, retiraron unos 7.400 millones de dólares, aunque esa cifra refleja el total de las retiradas, no la salida neta de capital: durante el mismo periodo también se depositaron aproximadamente 2.700 millones. El balance fue de unos 4.700 millones de dólares menos en la plataforma, una cantidad que Reuters cifra con mayor precisión en 4.720 millones. Equivale a cerca del 3% de los activos que Binance custodiaba, una proporción que conviene tener presente antes de interpretar la reacción.
La confianza de la plataforma está bajo examen
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante una pérdida de confianza generalizada? Los datos disponibles no permiten llegar tan lejos, aunque tampoco conviene restar importancia a la reacción de los clientes. Reuters recoge que los analistas consideran que la confianza se ha mantenido en buena medida, mientras la propia compañía sostiene que el volumen de retiradas empezó a estabilizarse después del repunte inicial. El antecedente de FTX ayuda a ponerlo en perspectiva: tras su caída en 2022, Binance llegó a registrar unos 6.000 millones de dólares en salidas netas durante 72 horas, una cantidad incluso superior a la actual.
Ante este escenario, el exchange ha prometido que sus usuarios no asumirán las pérdidas ocasionadas por el ataque. Según la compañía, está utilizando recursos de su tesorería, su fondo de emergencia SAFU y parte de un fondo de seguros para reponer los activos afectados, un proceso que asegura haber completado aproximadamente al 95%. El 5% restante corresponde principalmente a criptomonedas menos líquidas, más difíciles de adquirir en grandes cantidades. Además, ha publicado una prueba criptográfica de reservas que permite verificar una cobertura mínima de uno a uno para diez activos, aunque eso no equivale a recuperar el dinero robado ni constituye una auditoría integral de la empresa.
Hay una cuestión que merece especial atención: el robo no demuestra, por sí mismo, que la tecnología sobre la que funcionan las criptomonedas haya fallado. Podemos tener una red blockchain que registre correctamente las operaciones y, al mismo tiempo, una plataforma cuyos sistemas de seguridad hayan sido comprometidos. Es una diferencia parecida a la que existe entre la infraestructura de un sistema financiero y las empresas que lo utilizan para gestionar el dinero de sus clientes. En este caso, la información disponible apunta a un problema en el entorno de Binance, no a una vulneración demostrada de las reglas de Bitcoin o Ethereum.
Para entender el recelo que rodea al sector, basta con recordar algunos de sus episodios más sonados, aunque no todos tuvieron las mismas causas. FTX colapsó en 2022 en medio de un fraude relacionado con los fondos de sus clientes; también aquel año, la pérdida de paridad de TerraUSD arrastró al token LUNA y hundió su ecosistema. Más adelante, en 2025, Bybit sufrió un ataque que permitió sustraer alrededor de 1.500 millones de dólares, atribuido por el FBI a hackers norcoreanos. Hemos visto, por tanto, fraudes empresariales, fallos de diseño económico y ataques informáticos, tres problemas distintos que han contribuido a cuestionar la seguridad del ecosistema.
Y si miramos a la propia Binance, encontramos que sus problemas no comenzaron con este ataque. En 2023, la empresa se declaró culpable ante la justicia estadounidense de infracciones relacionadas con la prevención del blanqueo de capitales, las sanciones económicas y la obligación de registrarse para prestar determinados servicios financieros, y acordó pagar aproximadamente 4.300 millones de dólares. Su fundador, Changpeng Zhao, también se declaró culpable por incumplir obligaciones contra el blanqueo. Aquel procedimiento fue distinto de la demanda civil que la SEC retiró en mayo de 2025 contra varias entidades vinculadas a Binance, incluida su plataforma estadounidense, sin que hubiera una sentencia sobre el fondo de las acusaciones.
El escrutinio también se extiende a Europa, donde Binance ha encontrado obstáculos para seguir prestando determinados servicios. Al finalizar el periodo transitorio del reglamento MiCA, el 1 de julio, la plataforma no había obtenido la autorización exigida para operar bajo ese marco, después de retirar su solicitud en Grecia. En Francia, su antiguo registro quedó sin validez y la empresa comunicó restricciones a clientes de varios países. En octubre, el Financial Times informó de que los reguladores examinaban el uso de una excepción que permite atender a usuarios europeos cuando solicitan el servicio por iniciativa propia. Binance sostiene que cumple las normas aplicables y trabaja para conseguir la autorización.
El mayor robo conocido de criptomonedas tiene una cifra, pero el examen que deja abierto no puede resolverse con una sola cuenta. Binance promete asumir el coste del ataque, mientras que las salidas de fondos, aunque importantes, no han desembocado por ahora en una situación de pánico generalizado. Eso no convierte la reacción de sus clientes en un detalle menor: cuando dejamos nuestros activos en manos de un intermediario, necesitamos confiar tanto en su capacidad para protegerlos como en su respuesta si algo falla. La forma en que la compañía gestione las consecuencias de este episodio será parte de esa demostración.
Imagen destacada | Bastian Riccardi