El alcohol está de capa caída y en Euskadi no creen que sea impedimento para divertirse: llegan las barras "light" a Bizkaia

Hace más de un año ya apuntábamos a una gran crisis del alcohol entre los jóvenes. Más allá de la presión social, esa vieja aliada, el bebercio tradicional está disminuyendo entre las generaciones actuales. Bajo este contexto, Bizkaia acaba de estrenar un híbrido: la discoteca de siempre, con su barra habitual, y al lado, otra barra a 0,0 grados. Mismo precio, misma pista, cero alcohol.

La idea llega meses después de que abriera en Hernani la primera discoteca silenciosa de Euskadi, con 200 auriculares y tres canales de música por colores. Dos experimentos y un mismo cliente de fondo: alguien que ya no bebe, o bebe bastante menos, que hace quince años.

Menos borracheras. Según la última Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias, el 51,8% de los adolescentes españoles ha bebido en el último mes, la cifra más baja desde 1998. Las chicas beben más que los chicos, por cierto. O eso dicen las estadísticas. Lo que está claro es que las borracheras han caído al 17,2% y el consumo en atracón, al 24,7%: ambos, mínimos históricos. En Euskadi la tendencia se repite: los datos del Gobierno Vasco confirman que el descenso es más notable entre los menores de 34 años, tanto chicos como chicas.

Salir, beber, el rollo de siempre. Aquí llega el dato dañino: quien más bebe de forma arriesgada no es la juventud, sino la gente de 35 a 54 años, con un 32% en niveles de riesgo, frente al 17% de los menores de 35. En Bilbao, vecinos de Abando e Indautxu llevan tiempo señalando a los “cuarentones” como el colectivo más conflictivo del ocio nocturno, por encima de los jóvenes que ocupan las salas los fines de semana.

El txikiteo pierde parroquia. La tradición vasca de ir haciendo chiquitos (tomar chatos o vasos pequeños de vino) de bar en bar resiste, pero con menos público. Según la Asociación de Hostelería de Bizkaia, la población joven se ha reducido prácticamente a la mitad respecto a hace quince años. Una “sangría” que golpea directamente la facturación nocturna. El ocio se desplaza hacia el tardeo, que representa el 26% de la facturación en hostelería nacional, y el botellón, inexistente antes de los 2000, que se lleva una parte importante del gasto que antes iba para discotecas.

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Es cancerígeno, punto. Un recordatorio, porque la ciencia no deja mucho margen para el matiz aquí. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, brazo de la OMS, clasifica el alcohol como carcinógeno del grupo 1 desde 1988: la misma categoría que el tabaco, el amianto o la radiación. Está vinculado a al menos siete tipos de cáncer (boca, faringe, laringe, esófago, hígado, colon-recto y mama) y provoca, según la propia IARC, el 4% de todos los cánceres diagnosticados en el mundo, más de 740.000 casos y 401.000 muertes al año.

El mecanismo es conocido: el etanol se transforma en acetaldehído, un cancerígeno en sí mismo, y además genera inflamación y estrés oxidativo. La OMS recuerda que no existe un nivel de consumo seguro. Esa copa de vino diaria que durante años se vendió como cardiosaludable es mercadotecnia.

Bailar en silencio. El otro empujón viene de la ley. España restringe la música en muchos locales a partir de las diez de la noche, y algunos bares vascos han resuelto el problema cambiando altavoces por cascos inalámbricos: la fiesta sigue, pero desde la calle no se oye nada. El bar de Hernani que lo estrenó reconoce que la medida, pensada solo para cumplir la normativa, acabó siendo su mejor reclamo comercial.

Demasiado ruido. El Ministerio para la Transición Ecológica, la cual publica los Mapas Estratégicos de Ruido, que cruzan tráfico, industria y ocio nocturno calle a calle, no dejan bien parada a España: es el segundo país más ruidoso del mundo, solo por detrás de Japón, y más de 12 millones de personas soportan niveles por encima de los 65 decibelios que la OMS marca como límite aceptable. Barcelona y Madrid figuran entre las 20 ciudades con más contaminación acústica del planeta.

Y hay coste sanitario: más de 1.000 muertes prematuras y 4.000 hospitalizaciones al año en España por exposición al ruido, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, más dos millones de personas con problemas para conciliar el sueño. Y el ocio nocturno —bares, discotecas y botellón— concentra cerca del 28% de las denuncias vecinales por ruido, justo el frente que los cascos inalámbricos de Hernani intentan aliviar.

Silencio también es accesibilidad. Bajar el volumen tiene, además, otra lectura: entre el 60% y el 90% de las personas con TEA presentan hipersensibilidad a sonidos fuertes y luces intermitentesl. En Reino Unido, Disco Neurotico nació precisamente para eso: un local pensado por y para clubbers neurodivergentes —autismo, TDAH, TEPT— hartos de pistas abarrotadas, imprevisibles y sin vías de escape. En España, el proyecto Rumbo de Autismo España lleva años catalogando ocio con estímulo reducido. Nadie ha vendido la barra 'light' de Bizkaia como un recurso de accesibilidad, pero encaja.

Haciendo números. Si crece la cerveza sin alcohol, la pista es clara. La coctelería se ha puesto las pilas y las bebidas espirituosas sin alcohol han duplicado su volumen en España, con un crecimiento del 17% anual y un 64% acumulado desde 2021, según la Federación de Espirituosos. Y esto se imbrica con cierta audiencia: el 79% de la generación Z sigue saliendo a bares al menos una vez por semana, 8 puntos por encima de la media, aunque pidiendo menos birra y más cócteles, incluidos los de cero grados.

Fiestear, versión 2026. Se bebe menos, pero el alcohol sigue funcionando como salvoconducto social en muchos ambientes de fiesta. Este tipo de iniciativas sacan al alcohol del centro de la ecuación como excusa obligatoria para socializar. Discotecas de Bizkaia como Backstage, en la calle Uribitarte número 8, lo han entendido: una barra sin alcohol junto a la de siempre no ahuyenta clientes, suma. El txikiteo de toda la vida convive ahora con auriculares, mocktails y una generación que prefiere recordar el sábado al día siguiente.

Imágenes | Backstage, Pexels (1)

En Xataka | La generación Z sigue cambiando la forma de entretenerse: menos bares y más lugares con juegos de mesa