El móvil se está ensanchando. Lo extraño no es el formato nuevo, sino que hayamos aguantado diez años con el anterior
En septiembre de 2012, Apple presentó el iPhone 5 con una idea que sostuvo durante años. Por primera vez agrandaba la pantalla del iPhone, de 3,5 a 4 pulgadas, pero lo hacía cambiando la proporción: misma anchura, más altura. El razonamiento era el pulgar. Al mantener el ancho del 4S, todo lo que antes se hacía con una mano, como escribir en el teclado, se podía seguir haciendo con una mano.
Steve Wozniak lo llamó "arrogancia". Dijo que Apple se había engañado a sí misma con la idea de que todo debía alcanzarse con un pulgar, y que no veía a nadie con problemas para usar pantallas más grandes. El tiempo le dio la razón, Apple acabó agrandando sus móviles y las pantallas gigantes arrasaron.
Catorce años después, Apple vende un iPhone cuyas dos pantallas, la exterior y la interior, comparten una proporción de 1,4:1, la raíz de 2. Es una forma más cercana a una hoja de papel que a cualquier iPhone anterior. Y no lo ha hecho sola:
- Samsung lanzó en verano un Galaxy Z Fold8 con pantalla interior de casi 4:3, concretamente 1,32:1. Sus directivos lo describieron como “el nuevo estándar para ver contenido”.
- Huawei ha ido un paso más allá con el Pura X View, un móvil clásico, no plegable, construido alrededor de una pantalla con una proporción inusual de 1,69:1.
Tres fabricantes, tres sistemas operativos y la misma decisión en apenas seis meses. Y lo importante aquí no es "los móviles se ensanchan", que también, sino que eso nos obliga a pensar por qué han sido estrechos durante tantos años.
La respuesta es bastante simple: ese formato nunca llegó por estudiar qué hacemos con el móvil, sino cómo lo sujetamos. Cada salto, desde el 3:2 original hasta el 19,5:9 del iPhone X pasando por el 16:9 del iPhone 5, ha aplicado la misma fórmula: crecer por el único eje que la mano tolera. La pantalla ha ido ganando superficie pero el cuerpo no ha ido sumando anchura.
El problema es que casi nada de lo que consumimos tiene esa forma. Las cámaras disparan en 4:3, el vídeo horizontal es 16:9 y los documentos son A4. La raíz de 2 añade una propiedad clave: es la única proporción que se conserva al partir el rectángulo por la mitad, así que dos apps lado a lado son dos pantallas con la forma de la original. Apple no ha llegado ahí por estética (de hecho se ha pasado veinte años huyendo de formatos tan cuadrados). Según Gurman, buscaba un formato más atractivo para ver vídeo y que facilitara acercar las apps de iPhone a sus versiones de iPad.
Que el cambio haya empezado en los plegables no es casual. La bisagra lo resuelve todo de una tacada:
- Cerrado, el móvil sigue cabiendo en el bolsillo.
- Abierto, ya no tiene que caber en la mano, le sirve con caber en nuestra mirada.
Y resulta que había un mercado esperando. Samsung sacó pecho de la gran acogida del Fold8 en un timing muy concreto: un día antes de que Apple anunciase el Duo. El Duo, por cierto, empezó a dar fechas de entrega para 2027 a las tres horas de abrirse sus reservas. El stock del Duo tiene letra pequeña pero así y todo no parece que el mercado haya reaccionado con indiferencia a su llegada. Al revés.
Lo de Huawei es especialmente interesante. Porque si el móvil ancho solo funciona siendo plegable, se va a quedar en un capricho de 2.000 euros. Pero si también funciona sin ser plegable, ya hablamos de otra cosa. El Pura X View lo está intentando y paga justo el precio que Apple no quiso pagar en2012: 85 milímetros de ancho. Algún rumor ha sugerido que el iPhone Air 2 llegará con un formato similar, pero Jeff Pu, que algo sabe sobre la cadena de suministro, ya ha dicho que nanái, que seguirá con las 6,55 pulgadas y las proporciones del actual.
La pantalla alargada empezó siendo una concesión a la mano, pero con los años ha terminado creando su propio contenido. TikTok, Reels, Shorts. Todos van en 9:16 y llenan casi entera una pantalla de 19,5:9. En un móvil ancho, en cambio, salen con franjas laterales. Es decir, la industria está ensanchando sus móviles más caros justo contra el formato de las apps en las que más tiempo pasamos.
¿Cómo vamos a resolver eso? Puede que el móvil anchote se quede como una herramienta más. Para leer, escribir o trabajar. O puede que el software se encargue de limar el choque. Samsung ya tiene una IA que reencuadra los vídeos para adaptarlos a redes.
Llevamos quince añazos con móviles que tienen una forma que sigue la de nuestra mano. Pero ahora están empezando a tener la forma de lo que miramos. Lo paradójico es que se están ensanchando justo cuando lo que más miramos es más estrecho que nunca.
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