Llevo años queriendo dar de baja mi moto. Instinct me lo ha solucionado en menos de diez minutos

Pocas veces me ha parecido tan útil un agente como cuando lo he utilizado para que me resolviera tareas que a mí me resultan imposibles. Dar de baja mi moto antigua, por ejemplo, la que tiene dos dedos de polvo y lleva sin usarse desde que Perdidos estaba en antena. Es inexplicable, lo sé, como la propia Perdidos. Por eso Instinct ha sido un gran aliado.

Me cuesta pelearme con los trámites. Soy de los que seguiría pagando una suscripción solo por no llamar para pelearme diez minutos con el soporte. Y ahí ganan notable fuerza los agentes de IA como Instinct: pueden volcarse en esas acciones que parecen pequeñas y que a más de uno se le terminan haciendo bola. Siempre que no manejen demasiados datos personales, los agentes son bienvenidos en mi casa.

"Instinct, quiero dar de baja mi moto"

El login de Instinct se hace con el número de teléfono El login de Instinct se hace con el número de teléfono

Suena a peli de Ashton Kutcher, lo sé, pero fue un experimento práctico para averiguar si Instinct era o no para mí. Lo configuré en mi móvil secundario con la cuenta de WhatsApp, también secundaria. No es el agente que más uso, ya que mi Hermes local es el que me genera mayor confianza, aunque solo sea porque buena parte se procesa en local. Aun así, quise poner a prueba a Instinct.

La base es real: tengo una moto que no uso, que seguramente no vuelva a usar y por la que me cobran cada año el impuesto de circulación porque no la di de baja. No es mucho, pero va sumando. Como sé que no iba a gestionar la baja por mí mismo, se lo pedí tal cual a Instinct:

Me gusta cómo Instinct reacciona a los mensajes para indicar que está en la tarea Me gusta cómo Instinct reacciona a los mensajes para indicar que está en la tarea

Y se puso a la tarea. Me explicó cómo se podía hacer el trámite y que lo más sencillo era, si no voy a usar más la moto, llevarla al desguace para que fuera esa empresa la que diera de baja el vehículo. Siguiente paso: localizar un desguace cercano que viniera hasta mi casa, porque no iba a llevarla al desguace empujando.

Instinct me encontró tres desguaces cercanos con desplazamiento a domicilio. Me dio los costes y me decidí por uno que me deducía el valor de la chatarra del servicio de grúa. Tras decirle que p'alante, el agente se encargó de redactar el correo, de enviarlo y de hacer el seguimiento. ¿Tiempo total? Menos de diez minutos. Mientras yo desayunaba tranquilamente.

No solo hace la tarea, también le da seguimiento

Contactar la primera vez es relativamente fácil para un agente, que lleve por sí solo el seguimiento no tanto. Instinct envió el correo tras mi aprobación y mantuvo el contacto con el desguace para establecer los términos, costes y fechas. Conforme había movimiento en el tema me avisaba para aprobar el siguiente paso. Y solo al final le di parte de mis datos, porque el desguace los necesitaba para desplazarse.

Este es solo un ejemplo: agentes como Instinct pueden ocuparse de tareas tediosas, que son un engorro, de aquellas que cuestan solo porque hay que ir detrás a cada momento. Delegar me parece una buena idea. Aunque con precauciones: cuanta menos información personal tengan los agentes, y menos capacidad para crear un desastre, mejor.

Hay que valorar los límites y la información a la que tiene acceso cada agente: pueden tomar decisiones fatales imposibles de solucionar

Instinct no es de los agentes más anónimos que existen, ya que, de entrada, necesita el número de móvil. A partir de aquí sí se le puede restringir la información que maneja (cuantos más datos tenga más resolutivo será su comportamiento, a costa de un mayor riesgo). Si ha de manejar datos sensibles, lo mejor es no usar ninguna IA.

Por cierto: al fin me saqué la moto de encima. Me pongo como deberes ser menos perezoso con los trámites.

Imagen de portada | Iván Linares editada