Sabíamos que el exceso de azúcar era malo para engordar. Ahora también puede dar demencia muchos años antes de que te des cuenta

En septiembre de 1953, el Reino Unido puso fin al racionamiento de azúcar instaurado durante la Segunda Guerra Mundial. De la noche a la mañana, el consumo medio diario de los británicos prácticamente se duplicó, pasando de unos discretos 41 gramos a más de 80 gramos. Este gran cambio creó, sin pretenderlo, un experimento que nos permite tener una idea sobre el impacto que tiene el azúcar en el deterioro cognitivo. 

El cerebro de los niños. Los datos de la gigantesca cohorte UK Biobank han permitido a dos equipos de investigación distintos analizar las consecuencias de aquel fin del racionamiento. Parte de estos resultados dio lugar a un estudio publicado este mismo año donde se analizó a más de 64.000 participantes, de los cuales unos 40.000 vivieron el racionamiento durante su etapa fetal o sus primeros dos años de vida. 

Lo que vieron. El hecho de haber estado sometido a esa restricción de azúcar en los primeros mil días de vida (e incluso mientras estaban en el vientre materno) se asoció con un 23% menos de riesgo de desarrollar demencia por cualquier causa. Pero concretamente se redujo un 28% el riesgo de padecer Alzheimer. 

Una segunda mirada. De forma paralela, otro análisis que estudiaba la misma población del UK Biobank apuntó que los expuestos al racionamiento tenían cerebros que en las neuroimágenes aparentaban ser 0,39 años más jóvenes que su edad biológica, además de registrar un 11% menos de depresión.

Sin embargo, los propios autores y la Academia Estadounidense de Neurología advierten que el fin del racionamiento en 1953 coincidió con un boom de recuperación económica, grandes cambios en la atención sanitaria materna y la introducción de nuevos alimentos infantiles. De esta manera, hay asociación biológica, pero probar una causalidad directa en estudios observacionales con 70  años es bastante difícil. 

Su progresión. Aunque hay un efecto demostrable en las etapas tempranas del desarrollo, el impacto del azúcar sobre el cerebro ya desarrollado también es interesante de estudiar. En este caso, un estudio de 2025 siguió a 158.000 adultos durante una década y sus conclusiones apuntaron a un aumento del 43% de riesgo al comparar a las personas que más azúcar libre consumían con las que menos. Y además, el efecto podía ser más pronunciado en las mujeres. 

Una distinción. No todos los azúcares se comportan igual, puesto que el matiz más importante para la nutrición diaria lo aportó un estudio publicado en 2023 donde se apuntaba que el riesgo de demencia sube de forma casi lineal con el consumo de bebidas azucaradas, pero no muestra una asociación significativa cuando el azúcar proviene de alimentos sólidos.

Esto encaja perfectamente con datos clásicos de la cohorte Framingham, donde se constató que la ingesta frecuente de refrescos y zumos azucarados correlacionaba con una peor memoria y un menor volumen total del hipocampo, que es la región del cerebro donde reside el aprendizaje. 

Porque daña el cerebro. La respuesta parece estar en el propio metabolismo, puesto que en el estudio que mencionábamos al inicio, comprobó que el 25,5% de la asociación entre el azúcar y la demencia se explicaba por el desarrollo de diabetes tipo 2 e hipertensión a lo largo de la vida. 

El problema es que el daño comienza antes de que la enfermedad metabólica haga acto de presencia, como apuntó un estudio publicado en 2013 hecho sobre personas sin diabetes. En este caso es determinó que tener una glucosa media en sangre de 115 mg/dl aumentaba el riesgo de demencia en un 18% frente a los que tenían una concentración un poco menor. 

El problema. Llega cuando el páncreas no puede funcionar correctamente y el reloj cognitivo se acelera, haciendo que, por cada cinco años que se adelanta el diagnóstico de diabtes el riesgo de demencia aumente, se dispare en un 24%. 

Puede haber dudas. El rompecabezas que hay en torno al deterioro cognitivo es bastante complejo, y es por ello que todavía falta mucha investigación por delante para tener claro qué ocurre en nuestro organismo. Pero lo que parece claro es que mantener a raya el azúcar es una de las estrategias más efectivas para evitar la diabetes tipo 2 y la hipertensión. Y al proteger la maquinaria metabólica y vascular del cuerpo, estamos construyendo el mejor escudo para tener un cerebro sano. 

Imágenes | Towfiqu barbhuiya