Un desprendimiento bloqueó esta cueva en Cantabria hace 16.500 años. En su interior ocultaba una vivienda del Paleolítico
En España son muchos los rincones arqueológicos que tenemos que nos brindan una gran cantidad de información sobre nuestro pasado. Por ejemplo, el yacimiento de la Garma conserva uno de los espacios domésticos de la Edad de Piedra mejor preservados de toda Europa. Y ahora, gracias a nuevos métodos de modelado digital y fotogrametría, los arqueólogos han podido reconstruir al milímetro un hogar prehistórico sin necesidad de mover una sola piedra.
Su historia. Para entender esto, nos tenemos que trasladar a hace milenios, cuando un violento derrumbe durante la última gran glaciación sepultó la entrada original a la galería inferior de la cueva de la Garma, en Ribamontán al Monte.
Pero esto fue una noticia para nosotros porque selló el espacio a cal y canto, transformándolo en una auténtica máquina del tiempo, haciendo que todo su interior quedara intacto, paralizado en el momento exacto en el que sus últimos ocupantes lo abandonaron hace unos 16.500 años, en pleno Magdaleniense medio.
Su estructura. La vivienda, conocida técnicamente como la "estructura I-A", es un espacio de dimensiones humildes. Ocupa una planta subcircular u ovalada de apenas cinco metros cuadrados, y al parecer quienes la diseñaron eran expertos en leer y aprovechar la geomorfología de la propia cueva, puesto que la cabaña se levantó justo debajo de una pequeña visera de roca natural que ofrece una altura de entre 1,6 y 1,7 metros.
Y para fijar al suelo esta arquitectura, los constructores magdalenienses utilizaron bloques de caliza de la propia caverna e incluso se sirvieron de las estalagmitas naturales que salían del suelo.
En el centro del refugio descansan las marcas de una pequeña hoguera cuyo fuego no solo daba calor en las gélidas profundidades de la cueva, sino que articulaba todas las actividades cotidianas del grupo. Sin embargo, no estamos ante un gran campamento base a largo plazo, sino que, tal y como precisó el investigador y codirector del proyecto, Pablo Arias, es muy improbable que la cabaña funcionara como una residencia permanente, sino que todo apunta a que se trataba de un refugio de uso esporádico o temporal en el interior del sistema cavernario.
El estudio es uno de los grandes retos a los que se enfrentan los investigadores, puesto que lo suyo es no alterar un suelo que lleva milenios intacto. Y aquí un estudio publicado en 2025 apunta que, a través de la creación de modelos fotogramétricos en 3D de altísima precisión, se puede registrar visual y métricamente la estructura I-A, los suelos, las paredes colindantes, la industria ósea y las herramientas de sílex.
El éxito de este despliegue técnico ha sido rotundo, puesto que, según una nota difundida por la Universidad de Cantabria en septiembre de 2026, el uso de este sistema ha permitido registrar más de 4.600 restos (4.614 piezas exactamente) en tan solo 18 meses de trabajo en dos de las estructuras de la Galería Inferior.
Sus actividades. El análisis espacial virtual de estos miles de objetos permite reconstruir qué hacían exactamente aquellos humanos alrededor del fuego, y entre los restos identificados abundan las evidencias del procesamiento de presas de caza, el trabajo con pieles y la fabricación de utensilios con hueso y piedra.
Pero lo más interesante que se ha visto es la presencia de pesadas pieles, procesadas quizás en las mismas áreas que ahora se han cartografiado en 3D y que habrían sido fundamentales para sobrevivir a las temperaturas extremas de la época.
Imágenes | Universidad de Cantabria